Peces

Investigación U. de Chile revela que comer trucha disminuye el dolor y la inflamación

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By Milthon Lujan

Almorzar o cenar trucha al menos dos veces a la semana (300 gramos) aumenta el nivel de los ácidos grasos, como el omega-3. Estos reducen la inflamación, al bajar considerablemente (62%) los niveles de Proteína C Reactiva Ultrasensible (PCR Us) en las personas mayores.
Almorzar o cenar trucha al menos dos veces a la semana (300 gramos) aumenta el nivel de los ácidos grasos, como el omega-3. Estos reducen la inflamación, al bajar considerablemente (62%) los niveles de Proteína C Reactiva Ultrasensible (PCR Us) en las personas mayores.

por Carolina Aliaga, Prensa Uchile
En la búsqueda constante de una vida saludable y activa, la elección de alimentos adecuados desempeña un papel crucial, especialmente para las personas mayores. En este contexto, la trucha y su riqueza en omega-3 emergen como una opción alimentaria prometedora. Así lo señala una investigación del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile, desarrollada en el marco del proyecto Envejecimiento Activo y Saludable del Hospital Clínico de la Casa de Bello, donde se comprobó su efecto antiinflamatorio y analgésico, entre otras novedades.

En la encrucijada del envejecimiento saludable y la nutrición adecuada, la trucha surge como un alimento que no solo deleita el paladar, sino que también brinda una serie de ventajas para las personas mayores. El omega-3, un ácido graso esencial abundante en este pescado, ha captado la atención de expertos en salud por sus potenciales beneficios. Así lo reafirma un estudio del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile que comprobó algunos beneficios de su consumo en las personas mayores, destacando sus efectos en la salud cardiovascular, la función cerebral y el bienestar general en esta etapa de la vida.

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La investigación, liderada por el Doctor en Nutrición y Alimentos, Carlos Márquez, académico de INTA, sumó este tipo de pescado rico en ácidos grasos en la dieta de un grupo de treinta personas mayores durante tres meses, quienes asisten al Centro de Día del Adulto Mayor de la comuna de Curaco de Vélez, localizada en la isla de Quinchao, en Chiloé. Entre sus conclusiones, el estudio detectó un efecto antiinflamatorio a partir del consumo de trucha, así como la disminución en la sensación de dolor, entre otras. Este último hallazgo, en particular, resulta de especial relevancia si consideramos que una de las principales causas de consulta de este grupo etario es el dolor corporal.

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“Es suficiente con dos veces a la semana consumir 150 gramos para ver modificaciones en el perfil de ácidos grasos circulantes y en los niveles de inflamación, medidos a través de la Proteína C Reactiva Ultrasensible (PCR Us). Asociado a esta disminución de la inflamación, también detectamos que las personas tuvieron una disminución en la percepción del dolor corporal. Detectamos que teníamos muchas personas que decían que ya no tenían dolor, no sentían ningún tipo de dolor”, afirma el académico de la Universidad de Chile.

La Dra. Cecilia Albala, académica de la Unidad de Nutrición Pública del INTA de la Universidad de Chile, quien es coautora de esta investigación, detalla que “la disminución del dolor crónico observada claramente se relaciona con la disminución de la inflamación que produce el aumento de niveles de omega-3, y es importantísimo porque, de acuerdo a nuestros estudios, más de la mitad de las personas mayores presentan algún grado de dolor crónico, lo que afecta mucho la calidad de vida”.

El estudio, llamado “Efectos de una intervención a base de salmón en personas mayores en el sur del mundo”, es parte del proyecto Envejecimiento Activo y Saludable del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Sus conclusiones serán presentadas en el Congreso Europeo de Geriatría, que se realizará el próximo mes de septiembre, y publicadas en su respectiva revista científica.

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Los resultados son muy auspiciosos, destacan los investigadores. “Se modifican parámetros que son asociados a una mejor esperanza de vida o una mejor expectativa de vida saludable. Ese es el concepto más adecuado, que es, por ejemplo, el disminuir los niveles Proteína C Reactiva Ultrasensible (PCR Us) en un 62%, que es un parámetro de inflamación. Esto quiere decir que estamos, en cierta medida, controlando la inflamación, que es un proceso asociado a diferentes patologías, como enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Incluso, otros estudios internacionales han demostrado que el consumo de pescados ricos en ácido grasos omega-3 tiene un efecto sobre la salud cognitiva”, dice el profesor Márquez.

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Se trata, además, de un estudio inédito, pues si bien esta variación en el patrón de ácidos grasos circulantes era algo esperable, no existía una cuantificación de cuánto era esa variación en personas mayores. En este caso, aumentaron los ácidos grasos omega-3 y disminuyeron los omega-6, que es como debería ser siempre, indica el investigador del INTA, quien destaca que esta es un área prioritaria de investigación, considerando que Chile es uno de los países de América Latina que está envejeciendo más rápido y es el segundo país más longevo en América después de Canadá, con una expectativa de vida más elevada que Estados Unidos, incluso.

En tanto, la profesora Albala sostiene que no es lo mismo comer pescado directamente en el plato que buscar sus nutrientes en pastillas. «El ideal es consumir los nutrientes esenciales a través de los alimentos, que es mucho mejor que agregarlos en forma de suplementos. Existe evidencia que ello ocurre porque es diferente en términos de digestión, absorción y utilización. Consumir un nutriente, como son en este caso los aceites omega-3, formando parte de un alimento, que extraerlo y luego consumirlo en forma de una cápsula”.

Investigación con personas mayores de Chiloé

Esta idea surgió gracias a que el proyecto de Envejecimiento Activo y Saludable del Hospital Clínico de la U. de Chile estaba realizando intervenciones multicomponentes en la comuna de Curaco y recibieron una donación de salmones por parte de un consorcio privado a través de la Cámara Chilena de la Construcción para realizar diferentes tipos de iniciativas. Existen tres tipos de salmones en general: el salmón del Atlántico, el salmón del Pacífico y la trucha.

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“Se utilizó específicamente esta última porque es producida localmente y porque su producción, en general, se podría considerar un poco de mejor calidad que la de los salmones, tanto del Atlántico como del Pacífico. Y porque en realidad teníamos el acceso. Estas tres especies tienen contenido similares de ácidos grasos, pero la trucha es la que tenía mayor concentración de omega-3”, explica el Dr. Márquez, nutricionista de profesión y magíster en Envejecimiento y Calidad de Vida del INTA.

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En una segunda etapa, los investigadores buscarán saber si pueden replicar los resultados con menos cantidad, es decir solo una vez a la semana, dado el alto precio de estos pescados en el mercado. Por otra parte, evaluarán por cuánto tiempo duran los efectos de esta intervención, es decir, cuánto se extienden estos efectos beneficiosos en el organismo si se deja de consumir trucha.

¿Por qué comemos poca cantidad de pescado si vivimos en un país costero? La Dra. Albala plantea que una de las razones es el alto costo de pescados ricos en ácidos grasos, como el salmón y sus derivados. “Hay varios elementos que influyen en el bajo consumo, pero me gustaría destacar el tema precio. Debemos continuar nuestras investigaciones en productos más baratos que sean accesibles para la población, ya que el alto precio de estos productos los hace inaccesibles para la mayor parte de la población de personas mayores chilenas. Es por eso que en un futuro próximo tenemos pensado estudiar, por ejemplo, el jurel, pescado chileno rico en omega-3 que es muchísimo más barato”, indica.

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