
Para que la expansión de la acuicultura sea sostenible, la industria debe reducir su dependencia de fuentes de proteína convencionales, como la harina de pescado y la soja, buscando alternativas que no solo nutran, sino que también promuevan la salud y el bienestar de los peces.
En este contexto, la microbiota intestinal surge como una interfaz biológica fundamental entre la dieta, la fisiología del huésped y el entorno. No se trata de simples pasajeros; estas comunidades de microorganismos influyen profundamente en la utilización de nutrientes, la función inmunológica y el rendimiento general de especies tan valiosas como el salmón del Atlántico (Salmo salar) y la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss).
La investigadora Shuowen Cao, del Departamento de Ciencia Animal Aplicada y Bienestar de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas (SLU), ha profundizado en esta compleja relación en su tesis doctoral de 2025. El trabajo de Cao ofrece una hoja de ruta sobre cómo los factores ambientales, técnicos y dietéticos —específicamente el uso de hongos filamentosos y levaduras probióticas— pueden moldear el ecosistema intestinal para producir peces más sanos y resilientes.
- 1 Conclusiones clave
- 2 El desafío de comparar estudios: el sesgo técnico
- 3 Factores biológicos y ambientales: ¿Qué importa más?
- 4 Hongos filamentosos: proteínas sostenibles desde subproductos industriales
- 5 Levaduras probióticas: fortaleciendo el «escudo» intestinal
- 6 El camino hacia una acuicultura responsable
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Conclusiones clave
- Influencia técnica dominante: El estudio y los métodos de laboratorio (kits de extracción de ADN y regiones del gen 16S) explican más del 60% de la variación observada en la composición de la microbiota.
- Efecto ambiental y de peso: Factores como la dieta y el peso inicial del pez tienen un impacto significativo en la diversidad de microorganismos.
- Hongos como alternativa: Los hongos filamentosos como Aspergillus oryzae y Rhizopus oryzae tienen un gran potencial como fuentes de proteína sostenible, aunque su digestibilidad debe optimizarse.
- Probióticos de nueva generación: La levadura Rhodosporidium babjevae se destaca como un probiótico prometedor al mejorar la presencia de bacterias beneficiosas y regular genes clave de la barrera intestinal.
El desafío de comparar estudios: el sesgo técnico
Uno de los hallazgos más reveladores del meta-análisis realizado por Cao, que integró datos de 19 estudios publicados sobre salmónidos en agua dulce, es la enorme influencia de la metodología. Factores técnicos como la elección del kit de extracción de ADN o la región específica del gen 16S rRNA que se analiza pueden alterar drásticamente los resultados.
Por ejemplo, el análisis mostró que el estudio en sí mismo explicaba la mayor parte de la diversidad observada. Esto subraya una necesidad urgente en la comunidad científica: la estandarización de los protocolos de muestreo y secuenciación para permitir comparaciones reales entre diferentes investigaciones y países.
Factores biológicos y ambientales: ¿Qué importa más?
Más allá de los tecnicismos, factores como la especie del pez y su peso inicial influyen en la diversidad de la microbiota. El salmón del Atlántico, por ejemplo, tiende a presentar una mayor diversidad filogenética en su intestino en comparación con la trucha arcoíris.
En cuanto al entorno, el sistema de cría es determinante. Los peces criados en Sistemas de Recirculación Acuícola (RAS) mostraron una diversidad de microorganismos significativamente mayor que la de aquellos en sistemas de flujo abierto o en estado salvaje. Esto podría deberse a la mayor carga bacteriana y al tiempo de retención del agua en los sistemas RAS. Otros factores como la temperatura del agua, la tasa de flujo y el ciclo de luz también desempeñan roles específicos, aunque en menor medida que la dieta.
Hongos filamentosos: proteínas sostenibles desde subproductos industriales
En la búsqueda de alternativas a la harina de pescado, Cao evaluó cuatro especies de hongos filamentosos: Aspergillus oryzae, Neurospora intermedia, Rhizopus delemar y Rhizopus oryzae. Lo fascinante de estos microorganismos es que pueden cultivarse sobre subproductos industriales, como los residuos de la producción de bioetanol, transformando desechos en biomasa rica en proteínas (30-60%), vitaminas y compuestos bioactivos.
Los experimentos realizados en la instalación acuática de la SLU en Uppsala revelaron que incluir un 30% de estos hongos en la dieta de la trucha arcoíris altera significativamente la microbiota. Aunque la digestibilidad de estas dietas fue ligeramente inferior a la del alimento de control, los resultados sugieren que los hongos pueden favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas como Lactobacillus y Weissella. Especies como A. oryzae, tradicionalmente utilizadas en fermentaciones asiáticas como el miso y la salsa de soja, se perfilan como ingredientes con potencial no solo nutricional, sino también promotores de la salud intestinal si se logra mejorar su digestibilidad.
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Levaduras probióticas: fortaleciendo el «escudo» intestinal
El estudio también exploró el uso de levaduras como suplementos probióticos. Tras un cribado inicial de diez especies utilizando larvas de artemia (Artemia franciscana) como modelo, se seleccionaron dos para pruebas en peces: Kluyveromyces marxianus y Rhodosporidium babjevae.
La suplementación con Rhodosporidium babjevae arrojó los resultados más alentadores. Esta levadura no solo aumentó la abundancia de bacterias beneficiosas como Lactococcus en el intestino, sino que también reguló la expresión de genes esenciales para la integridad de la barrera intestinal, como la ocludina (ocln) y el factor de crecimiento transformante beta (tgf-β). Estos genes son responsables de mantener la «estanqueidad» del epitelio intestinal y de regular las respuestas inflamatorias.
Este hallazgo sugiere que R. babjevae actúa como un inmunoestimulante suave, preparando el sistema de defensa del pez sin causar inflamación crónica, lo que podría traducirse en una mayor resistencia a enfermedades infecciosas en condiciones de cultivo intensivo.
El camino hacia una acuicultura responsable
El trabajo de Shuowen Cao, que contó con la colaboración de investigadores de instituciones como la Universidad de Borås y la Universidad de Guelph en Canadá, concluye que comprender y gestionar las comunidades microbianas es esencial para el desarrollo de alimentos funcionales.
Humanizar la ciencia implica reconocer que cada avance en el laboratorio es un paso hacia un sistema de producción más circular y eficiente. La transición hacia una acuicultura responsable depende de nuestra capacidad para integrar estos conocimientos en formulaciones comerciales que respeten la ecología interna del pez.
Para los productores acuícolas, el mensaje es claro: la salud no solo depende de lo que los peces comen, sino de cómo lo que comen moldea a sus aliados microscópicos. El futuro de la alimentación en acuicultura parece estar escrito en las células de hongos y levaduras.
Referencia (acceso abierto)
Cao, S. (2025). Shaping the salmonid gut microbiota: Meta-analytical insights and dietary approaches to enhance fish health and performance (Acta Universitatis Agriculturae Sueciae No. 2025:91) [Tesis doctoral, Swedish University of Agricultural Sciences]. https://doi.org/10.54612/a.6jl5jv1vb3
Editor de la revista digital AquaHoy. Biólogo Acuicultor titulado por la Universidad Nacional del Santa (UNS) y Máster en Gestión de la Ciencia y la Innovación por la Universidad Politécnica de Valencia, con diplomados en Innovación Empresarial y Gestión de la Innovación. Posee amplia experiencia en el sector acuícola y pesquero, habiendo liderado la Unidad de Innovación en Pesca del Programa Nacional de Innovación en Pesca y Acuicultura (PNIPA). Ha sido consultor senior en vigilancia tecnológica, formulador y asesor de proyectos de innovación, y docente en la UNS. Es miembro del Colegio de Biólogos del Perú y ha sido reconocido por la World Aquaculture Society (WAS) en 2016 por su aporte a la acuicultura.




