
La artemia (Artemia sp.), o camarón de salmuera, es un alimento vivo fundamental en la acuicultura global, apreciado por su facilidad de producción y su alto contenido de proteína y lípidos. Sin embargo, su valor nutricional tiene una limitación crítica: la falta de ácidos grasos altamente insaturados (HUFA), como el DHA (ácido docosahexaenoico) y el EPA (ácido eicosapentaenoico), que son indispensables para el crecimiento, la supervivencia y la función inmune de las larvas de peces y crustáceos.
Para superar esta deficiencia, la industria ha perfeccionado diversas estrategias de enriquecimiento. Este proceso consiste en alimentar los nauplios (larvas de artemia) con dietas ricas en nutrientes específicos para que estos se «bioencapsulen», es decir, se incorporen en el cuerpo de la artemia y luego sean transferidos a los animales cultivados. Un estudio reciente publicado en Reviews in Aquaculture, por investigadores de la University of Arkansas at Pine Bluff y del Great Salt Lake Brine Shrimp Cooperative, Inc., profundiza en estas estrategias y sus efectos, ofreciendo una perspectiva integral para profesionales del sector.
Conclusiones clave
- 1 Conclusiones clave
- 2 Enriquecimiento con emulsiones de aceite
- 3 El poder de las microalgas
- 4 Enriquecimiento con lecitina de soya
- 5 El papel de las levaduras y los probióticos
- 6 Micronutrientes: vitaminas y minerales
- 7 Análisis comparativo de ácidos grasos (EPA y DHA)
- 8 Desafíos y el futuro del enriquecimiento
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- El enriquecimiento de la artemia es fundamental para suplir su deficiencia natural de ácidos grasos altamente insaturados (HUFA), como el DHA y el EPA, que son esenciales para el desarrollo, supervivencia y salud inmune de las larvas de peces y crustáceos.
- La elección del agente de enriquecimiento impacta directamente el perfil nutricional final de la artemia. Mientras que los aceites de pescado y de calamar son excelentes para aportar EPA, las microalgas como Schizochytrium son superiores para el enriquecimiento con DHA.
- Además de los lípidos, otros aditivos como la lecitina de soya, probióticos, levaduras y micronutrientes (vitaminas y minerales) mejoran aspectos clave de la salud larvaria, como la digestión, la resistencia al estrés, la función inmune y la pigmentación.
- La optimización del proceso, incluyendo la duración del enriquecimiento, la concentración del alimento y las condiciones ambientales, es vital para maximizar la absorción de nutrientes por parte de la artemia y garantizar que los beneficios se transfieran a las larvas que la consumen.
Enriquecimiento con emulsiones de aceite
Una de las técnicas más comunes es el uso de emulsiones de aceite, que son mezclas de aceites ricos en lípidos y micronutrientes disueltos en agua. Estas emulsiones son la forma más eficaz de aportar HUFA a la artemia. Los aceites más utilizados provienen de fuentes marinas, como el aceite de pescado y el aceite de calamar, que son particularmente ricos en EPA y DHA. No obstante, también se han explorado alternativas de origen vegetal como el aceite de canola y el aceite de linaza, que, aunque pueden ser menos densos en HUFA, son una opción válida y sostenible cuando se complementan con vitaminas y antioxidantes.
El éxito de este método depende de factores como el tamaño de las partículas de la emulsión y la duración del enriquecimiento. Gotitas de aceite más pequeñas (nanopartículas) se asimilan más fácilmente. El estudio indica que un periodo de enriquecimiento de 12 a 24 horas es generalmente el más efectivo. Un tiempo más corto puede ser insuficiente, mientras que un periodo excesivamente largo podría provocar la oxidación de los ácidos grasos, perdiendo su valor nutricional.
El impacto de este tipo de enriquecimiento en las especies acuícolas es notable. Se ha demostrado que las larvas de peces como el esturión y el pez sol, alimentadas con artemia enriquecida con emulsiones de aceite, presentan mayor crecimiento, mejor supervivencia y una mayor resistencia al estrés osmótico. Esto es vital en las primeras etapas de vida, cuando los animales son más vulnerables.
El poder de las microalgas
Las microalgas son una fuente de enriquecimiento sostenible que no solo aporta lípidos, sino también una gama de otros compuestos beneficiosos como carotenoides (pigmentos), aminoácidos esenciales y vitaminas. Algunas especies, como la Isochrysis galbana y la Schizochytrium sp., son especialmente valoradas por su alto contenido de DHA, mientras que otras, como la Nannochloropsis oculata, son ricas en EPA.
La metodología de enriquecimiento con microalgas puede variar, usando células vivas, pastas o liofilizados. Un aspecto clave es la densidad de las algas en el medio de cultivo. Concentraciones óptimas, como 107 células por mL, aseguran una bioencapsulación eficiente sin sobrecargar el sistema de cultivo. El estudio también resalta que la combinación de varias especies de microalgas puede proporcionar un perfil nutricional más completo que el uso de una sola especie, beneficiando el crecimiento, la supervivencia y la función inmune de las larvas.
Enriquecimiento con lecitina de soya
La lecitina de soya, un subproducto del procesamiento de la soja, ha ganado popularidad por ser una opción económica y eficaz. Su principal ventaja es el aporte de fosfolípidos que, al ser ingeridos por la artemia, mejoran la digestión y la absorción de otros lípidos en el tracto digestivo de las larvas.
Aunque la lecitina de soya por sí sola tiene niveles bajos de DHA y EPA, su combinación con otras fuentes de lípidos resulta en un efecto sinérgico que maximiza la asimilación de ácidos grasos esenciales. El estudio confirma que la artemia enriquecida con lecitina de soya mejora el crecimiento y la supervivencia de especies como el camarón blanco del Pacífico (Litopenaeus vannamei), además de fortalecer la estructura intestinal y la resistencia al estrés.
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El papel de las levaduras y los probióticos
Más allá de los lípidos, el enriquecimiento también puede enfocarse en mejorar la salud general y la respuesta inmune de las larvas. Las levaduras, como Saccharomyces cerevisiae, son una excelente fuente de proteína, vitaminas del complejo B y, lo más importante, compuestos inmunoestimulantes como los ß-glucanos. Estos componentes fortalecen el sistema inmune inespecífico de las larvas, haciéndolas más resistentes a enfermedades. Además, las levaduras pueden mejorar la pigmentación de los animales, un factor importante en especies ornamentales.
De manera similar, el enriquecimiento con probióticos (microorganismos vivos beneficiosos) busca introducir bacterias saludables en el intestino de las larvas a través de la artemia. Este método, conocido como bioencapsulación, ayuda a establecer una microbiota intestinal robusta que compite con los patógenos y mejora la absorción de nutrientes. El estudio subraya que los probióticos pueden aumentar la actividad de las enzimas digestivas y potenciar la resistencia de las larvas a infecciones bacterianas, lo que reduce la dependencia de antibióticos en las granjas acuícolas.
Micronutrientes: vitaminas y minerales
Las deficiencias de vitaminas y minerales son una causa común de malformaciones y baja supervivencia en larvas. Por ello, el enriquecimiento con estos micronutrientes es una práctica cada vez más valorada. El estudio revisado destaca que la biofortificación de la artemia con vitamina C y vitamina E mejora las funciones metabólicas y la defensa contra el estrés oxidativo.
Asimismo, la suplementación con minerales como el zinc y el manganeso contribuye a un mejor desarrollo esquelético y reduce las deformidades en larvas de peces. Estas intervenciones no solo corrigen deficiencias, sino que también fortalecen la capacidad de los animales para resistir las condiciones desafiantes de la producción intensiva.
Análisis comparativo de ácidos grasos (EPA y DHA)
El documento presenta un análisis comparativo que muestra la efectividad de diferentes fuentes para transferir EPA y DHA a la artemia. Los resultados son reveladores:
- Aceite de calamar y aceite de hígado de bacalao: son las fuentes más eficientes para el enriquecimiento con EPA, con niveles que superan el 8% del total de ácidos grasos.
- Microalgas Schizochytrium: se destaca como la mejor opción para el DHA, alcanzando niveles de hasta 7.3%.
- Levaduras y artemia sin enriquecer: tienen un contenido mínimo de EPA y DHA, lo que resalta la necesidad imperante de la fortificación.
Esta información es crucial para que los productores puedan elegir la estrategia de enriquecimiento que mejor se adapte a las necesidades nutricionales específicas de cada especie cultivada, maximizando así los resultados de la producción.
Desafíos y el futuro del enriquecimiento
Aunque se ha avanzado mucho, persisten desafíos. El estudio señala que aún falta investigación sobre cuál es la etapa larval de artemia más adecuada para el enriquecimiento y cómo la artemia enriquecida se comporta ante fluctuaciones ambientales como la salinidad y la temperatura. Por otro lado, si bien la artemia es un alimento excelente para las larvas, su uso en etapas juveniles y adultas es limitado debido a que sus necesidades nutricionales cambian y requieren dietas más complejas y variadas.
En conclusión, el enriquecimiento estratégico de la artemia es una práctica esencial y en constante evolución en la acuicultura moderna. No solo resuelve un problema nutricional fundamental, sino que también ofrece un camino hacia sistemas de producción más resilientes, saludables y sostenibles, reduciendo la dependencia de antibióticos y mejorando la calidad del producto final.
Contacto
Yathish Ramena
Great Salt Lake Brine Shrimp Cooperative, Inc.
Ogden, Utah, USA
Department of Aquaculture and Fisheries, University of Arkansas at Pine Bluff
Pine Bluff, Arkansas, USA
Email: ramenay@uapb.edu
Referencia (acceso abierto)
Ramena, Y., Kurapati, R. B., Bosteels, T., & Ramena, G. (2025). Artemia Enrichment Strategies: A Comprehensive Review of Nutritional Enhancements With Emphasis on Fatty Acid Profiles in Aquatic Species. Reviews in Aquaculture, 17(4), e70080. https://doi.org/10.1111/raq.70080

Editor de la revista digital AquaHoy. Biólogo Acuicultor titulado por la Universidad Nacional del Santa (UNS) y Máster en Gestión de la Ciencia y la Innovación por la Universidad Politécnica de Valencia, con diplomados en Innovación Empresarial y Gestión de la Innovación. Posee amplia experiencia en el sector acuícola y pesquero, habiendo liderado la Unidad de Innovación en Pesca del Programa Nacional de Innovación en Pesca y Acuicultura (PNIPA). Ha sido consultor senior en vigilancia tecnológica, formulador y asesor de proyectos de innovación, y docente en la UNS. Es miembro del Colegio de Biólogos del Perú y ha sido reconocido por la World Aquaculture Society (WAS) en 2016 por su aporte a la acuicultura.