Bogotá, Colombia (Unimedios).- Así lo pudo concluir Juan Eduardo Hernández, estudiante de la Maestría en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), en su tesis Desempeño ambiental de la camaronicultura y la pesca de arrastre de camarón, desde una perspectiva de análisis de ciclo de vida, en la cual evaluó los sistemas de pesca, tanto en mar abierto como en granjas, de uno de los productos de mar más exportados por Colombia.
De acuerdo con el investigador, en Colombia se exige, bajo la norma ISO 14040, que los pescadores de camarón limiten su producción a un total de 4.000 toneladas anuales del producto, en aras de proteger el medio ambiente. Sin embargo, la producción en el país oscila entre las 2.500 y 2.800 toneladas. Por lo tanto, “establece un límite que no tiene impacto poblacional ni permite medir el daño que dicha pesca le está haciendo al ecosistema, porque con este tope no se presenta como un problema”, afirmó.
Por esta razón, el estudiante de maestría aseguró que es necesario repensar tal limitación, de las normas gubernamentales, para la producción acuícola del país. Su propuesta consiste entonces en disminuir la cuota de pesca y establecer épocas del año, en las que este en auge la cosecha del producto, para la actividad, con el fin de poder medir realmente el impacto ambiental que ocasiona.
Para realizar este análisis, el investigador trabajó bajo dos fuentes de producción: la pesca de arrastre, que es aquella que se realiza en mar abierto, tanto en el océano Pacífico como en el Caribe, y la pesca de granja, que consiste en la producción en masa en piscinas artificiales.
En los dos casos, luego de analizar más de 115 piscinas de engorde y muestras realizadas en el océano pacífico, con límite de un kilógramo de pesca, el estudiante pudo determinar que hay un impacto ambiental significativo y que se debe trabajar en mejorar la calidad de la pesca.
Por ejemplo, pudo establecer que el uso de combustibles fósiles, para el caso de la pesca de arrastre, utilizado para mover los barcos pesqueros, contribuye al cambio climático y afecta al ecosistema donde habitan los camarones y otras especies.
Además, los insumos para los refrigerantes, los que producen el hielo que mantiene el camarón fresco para su exportación, tienen un impacto directo en el cambio climático y en la emisión de gases de efecto invernadero, que se podría regular si se lograra establecer un límite moderado de pesca.
Otro impacto de gran relevancia es el que ocasiona esta pesca a otras especies que habitan con los camarones: “un kilogramo de camarón que se obtiene, tanto en el mar como en las piscinas, viene acompañado de un centenar de especies más pequeñas que ya no son arrojadas al mar y se convierten en desperdicios, lo que también tiene consecuencias en el ecosistema”, aseguró el investigador.
Aunque según el aspirante a magíster, los dos sistemas de pesca afectan al medio ambiente y tienen graves consecuencias en el cambio climático y en los ecosistemas acuíferos, la pesca en piscinas está más regulada, lo que puede beneficiar tanto a la producción de camarones como a los habitantes de este espacio.
“Los dos tipos de pesca son invasivos, sin embargo, la pesca controlada permite que no se acaben los recursos libres y si se manejan adecuadamente los insumos, como las semillas, las larvas, y si no se abusa del recurso, se podrá seguir produciendo camarón sin afectar el medio ambiente”, afirmó el investigador.
La producción de camarón en Colombia es uno de los insumos más importantes en el comercio de productos de mar. De acuerdo con las cifras conocidas por el investigador, la camaronicultura contribuye con el 30 % de los ingresos de exportación de mariscos en el país, cifra superada solo por el atún.
El uso eficiente de este recurso, así como el mejoramiento de la normativa gubernamental, es fundamental para lograr que la producción de camarón en el país sea responsable y no afecte negativamente al medio ambiente.