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Historia de la acuicultura: de los estanques neolíticos a los 103 millones de toneladas

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By Milthon Lujan

Panorámica aérea de los canales de piedra volcánica de Budj Bim en Australia, un sistema de acuicultura ancestral de la cultura Gunditjmara y Patrimonio Mundial de la UNESCO. Imagen elaborada por Gemini.
Panorámica aérea de los canales de piedra volcánica de Budj Bim en Australia, un sistema de acuicultura ancestral de la cultura Gunditjmara y Patrimonio Mundial de la UNESCO. Imagen elaborada por Gemini.
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  1. 1 Puntos clave
  2. 2 ¿Por qué importa conocer la historia de la acuicultura?
    1. 2.1 Lecciones para la sostenibilidad y la ecología
    2. 2.2 Guía para la innovación y las políticas futuras
    3. 2.3 Preservación del patrimonio biocultural
    4. 2.4 Comprensión del desarrollo acuícola
    5. 2.5 Mejora de la percepción pública
  3. 3 Línea de tiempo de la historia de la acuicultura
  4. 4 Los orígenes: la primera revolución azul
    1. 4.1 Período Neolítico y Mesolítico (8000 a. C. – 5000 a. C.): Los ingenieros de ecosistemas
    2. 4.2 La Antigüedad y los primeros sistemas (4875 a. C. – siglo I d. C.)
    3. 4.3 Edad Media: Policultivos, monasterios y adaptación local (siglos V – XV d. C.)
    4. 4.4 El despertar científico (aprox. 1400 – 1900)
    5. 4.5 El resurgimiento y la base tecnológica (1900 – 1960)
    6. 4.6 La Revolución Azul y el «clímax antropogénico» (1970 – presente)
  5. 5 Acuicultura antigua vs. acuicultura moderna: la comparación clave
  6. 6 Qué enseña esta historia a los acuicultores (lecciones aprendidas)
    1. 6.1 Transición del monocultivo al policultivo y los sistemas integrados
    2. 6.2 Actuar como «ingenieros de ecosistemas» y adoptar la acuicultura ecológica
    3. 6.3 Reducir la dependencia de los océanos priorizando especies resilientes y de niveles tróficos bajos
    4. 6.4 Convertir los desechos en recursos mediante tecnologías de circuito cerrado
    5. 6.5 Mejorar la bioseguridad para prevenir epidemias devastadoras
    6. 6.6 Obtener «licencia social» mediante la integración comunitaria
  7. 7 Conclusión
  8. 8 Preguntas frecuentes sobre la historia de la acuicultura
    1. 8.1 ¿Cuál es el origen de la acuicultura?
    2. 8.2 ¿Quién inventó la acuicultura?
    3. 8.3 ¿Quién es el padre de la acuicultura?
    4. 8.4 ¿Cuándo empezó la acuicultura moderna?
    5. 8.5 ¿Por qué la Iglesia impulsó la acuicultura en la Edad Media?
    6. 8.6 ¿Qué diferencia hay entre la acuicultura antigua y la moderna?
    7. 8.7 ¿Qué tecnologías marcan la etapa actual de la historia de la acuicultura?
  9. 9 Referencias
  10. 10 Entradas relacionadas:

Puntos clave

  • Origen ancestral de la acuicultura: La «primera revolución azul» surgió hace unos 10 000 años (8000 a. C.) durante el Holoceno Temprano como una estrategia de supervivencia y adaptación climática, y no como una actividad industrial.
  • Ingeniería de ecosistemas: Desde los «jardines de almejas» en Norteamérica hasta los canales aborígenes en Australia, las civilizaciones antiguas transformaron paisajes completos para crear agroecosistemas resilientes de baja huella ecológica.
  • Inspiración en el policultivo: La prohibición de la carpa común en la China Tang impulsó el desarrollo del policultivo, un principio de integración ecológica que hoy se redescubre y formaliza mediante la Acuicultura Multitrófica Integrada (IMTA).
  • El papel de los conventos y monasterios: Durante la Edad Media europea, las órdenes monásticas actuaron como centros de desarrollo acuícola, construyendo redes de estanques para garantizar el suministro de pescado en épocas de ayuno.
  • De la ciencia al declive industrial: Aunque los siglos XVIII y XIX trajeron la fertilización e incubación artificial en Europa, la Revolución Industrial y el auge de la pesca de altura relegaron temporalmente el cultivo en estanques.
  • Hitos del siglo XX: La eclosión de quistes de Artemia en la década de 1930 resolvió el cuello de botella del alimento vivo para larvas, mientras que el desarrollo de las balsas-jaula en Noruega sentó las bases de la arquitectura de la industria marina moderna.
  • La Revolución Azul: Desde 1970, el sector despegó comercialmente hasta superar a la pesca extractiva. Sin embargo, la dependencia de monocultivos intensivos y dietas ricas en harina de pescado plantea serios desafíos de sostenibilidad y bioseguridad.
  • Lecciones para el productor contemporáneo: La historia demuestra que la resiliencia futura de la industria no dependerá de mayor superficie o capital, sino de resolver cuellos de botella biológicos, diversificar hacia especies de bajos niveles tróficos, adoptar sistemas de circuito cerrado (biofloc, acuaponía) y consolidar la «licencia social» mediante el compromiso comunitario.

La historia de la acuicultura no comienza en una moderna granja de salmones en Noruega ni en una piscina camaronera en Ecuador. Sus verdaderos orígenes se remontan al año 8000 a. C., en los humedales de China central y en las coladas de lava del sudeste australiano. Mucho antes de la invención de los piensos extruidos, los biofiltros o los sensores de oxígeno, las primeras comunidades humanas comprendieron un principio fundamental: es más seguro y fiable criar peces que depender de la incertidumbre de salir a pescarlos.

Esta premisa —la seguridad frente al azar— es el hilo conductor que enlaza milenios de evolución en los cultivos acuáticos. Hoy, este enfoque ha alcanzado un hito sin precedentes: por primera vez en la historia humana, la producción acuícola mundial superó los 100 millones de toneladas de animales en 2024, de acuerdo con el informe SOFIA 2026 de la FAO. En la actualidad, la humanidad cultiva más peces, moluscos y crustáceos de los que extrae del medio natural. Esta tendencia, lejos de detenerse, continuará afianzando a la acuicultura como nuestra principal fuente de proteína animal.

A partir de este contexto, el presente artículo explora la trayectoria integral del sector. Analizaremos desde sus vestigios arqueológicos y la práctica monástica medieval hasta el surgimiento de la acuicultura basada en la ciencia en el siglo XVIII, la revolución hormonal del siglo XX y la reciente explosión industrial del salmón y el camarón. Más allá de una simple cronología, desglosaremos los hitos de cada época, contrastaremos los métodos antiguos con los modernos e identificaremos lecciones vitales. Después de todo, la particularidad de esta industria radica en que sus sistemas ancestrales no han desaparecido, sino que están renaciendo impulsados por nuevas tecnologías.

¿Por qué importa conocer la historia de la acuicultura?

El cultivo controlado de organismos acuáticos es el factor decisivo que separa la acuicultura de la pesca extractiva, donde el ser humano se limita a cosechar lo que el ecosistema produjo por su cuenta.

Sin embargo, la frontera entre ambas actividades es mucho más porosa de lo que parece, y allí radica la primera clave para comprender su trayectoria. Entre «pescar» y «cultivar» existe un espectro continuo de intervención humana: acorralar peces silvestres en una albufera es intervención; sembrar alevines en un estanque es mayor intervención; y controlar la reproducción en un laboratorio constituye la intervención total. Dado que muchas prácticas ancestrales operaban justo en las zonas intermedias de ese espectro, datar el «origen exacto» de la acuicultura sigue siendo objeto de un legítimo debate académico.

Comprender esta evolución histórica resulta vital en la actualidad por razones fundamentales: desde la búsqueda de la sostenibilidad ambiental hasta la preservación del patrimonio cultural y el entendimiento de la propia evolución humana. A continuación, exploramos los motivos principales por los cuales este recorrido histórico cobra hoy más relevancia que nunca:

Lecciones para la sostenibilidad y la ecología

La historia de la acuicultura funciona como un llamado de atención frente a los desafíos ambientales contemporáneos (Smith, 2014). Mientras que la producción moderna recurre con frecuencia a monocultivos intensivos que pueden generar contaminación, enfermedades y presión sobre los ecosistemas locales, los sistemas ancestrales lograron operar de manera equilibrada durante siglos o milenios (Rogers, 2024).

En este sentido, Rogers (2024) destaca que estas prácticas milenarias —basadas en la ingeniería de ecosistemas y en policultivos integrados donde distintas especies se benefician mutuamente— ofrecen claves fundamentales para rediseñar la industria actual. Adoptar estos principios es esencial para transitar hacia modelos más resilientes, ecológicos y limpios. Como concluye Smith (2014), aprender de esta trayectoria histórica resulta indispensable para consolidar una «revolución azul» que sea genuinamente sostenible, evitando así replicar los impactos negativos de la agricultura industrial o de la sobreexplotación pesquera.

Guía para la innovación y las políticas futuras

Rastrear la evolución de la acuicultura permite comprender cómo se transformaron los diversos sistemas de producción a lo largo del tiempo. Además, este enfoque histórico resulta fundamental para anticipar escenarios futuros, como el impacto del cambio climático en la crianza de especies acuáticas (Stickney y Treece, 2012).

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Al integrar el conocimiento ancestral con las tecnologías modernas, investigadores y tomadores de decisiones pueden diseñar estrategias de desarrollo alternativas para el sector. Este cruce de saberes permitirá fortalecer la seguridad alimentaria global de manera sostenible, sin comprometer el equilibrio ecológico del planeta.

Preservación del patrimonio biocultural

Según Costa-Pierce (2022), la historia demuestra que la acuicultura no es una simple innovación tecnológica del siglo XX, sino una práctica profundamente arraigada en la identidad de civilizaciones ancestrales e indígenas alrededor del mundo. Destacan entre ellas las comunidades aborígenes de Australia, las culturas precolombinas en Sudamérica, las sociedades tradicionales de Hawái y las comunidades monásticas en Europa.

En esta misma línea, Vivancos et al. (2025) destacan que recuperar y estudiar estos sistemas no solo permite salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial, sino que también reivindica los derechos, la sabiduría ancestral y la identidad de estas comunidades.

Comprensión del desarrollo acuícola

Malindine (2019) resalta que la acuicultura suele ser omitida en los debates académicos sobre los orígenes de la agricultura. Sin embargo, su trayectoria resulta clave para comprender cómo los grupos humanos prehistóricos transicionaron desde el nomadismo de cazadores-recolectores hacia la producción organizada de alimentos.

Asimismo, la evidencia científica demuestra que, cuando la demanda de recursos acuáticos superó la capacidad de pesca de los ecosistemas locales, las sociedades desarrollaron soluciones ingeniosas para criar, almacenar y reproducir especies. Este avance tecnológico se convirtió en un catalizador fundamental para el establecimiento de los primeros asentamientos humanos y el desarrollo de la civilización temprana (Costa-Pierce, 2022).

Mejora de la percepción pública

Las críticas hacia la acuicultura moderna suelen catalogarla de manera generalizada como una actividad perjudicial para el entorno. Ante este escenario, conocer la evolución histórica de esta práctica ayuda a desmitificarla frente a la opinión pública y los colectivos ambientalistas.

Analizar su trayectoria visibiliza la enorme diversidad de sistemas existentes —algunos con miles de años de antigüedad— y demuestra que las técnicas de cultivo adecuadas, como la cría de moluscos bivalvos, pueden incluso purificar y regenerar el medio ambiente en lugar de degradarlo (Costa-Pierce, 2022).

En resumen, conocer la historia de la acuicultura nos proporciona un marco estratégico para transformar y perfeccionar los sistemas modernos de producción de alimentos. Este recorrido nos orienta hacia prácticas que respetan el equilibrio ecológico y ponen en valor el conocimiento ancestral (Vivancos et al., 2025; Costa-Pierce, 2022). De este modo, será posible consolidar el reconocimiento social de la actividad acuícola, posicionándola no solo como una de las principales fuentes de alimento global, sino también como un motor clave para la generación de empleo y el desarrollo local y regional.

Línea de tiempo de la historia de la acuicultura

Antes de analizar en detalle las distintas etapas del desarrollo acuícola global, la siguiente línea de tiempo sintetiza los hitos clave mejor documentados por la literatura científica. Cabe precisar que las fechas arqueológicas corresponden a rangos estimados según la evidencia académica disponible.

Tabla 1. Línea de tiempo de la historia de la acuicultura.

Período / AñoHito de la historia de la acuiculturaReferencia
8000 a. C. (Neolítico)Orígenes de la acuicultura mediante la coevolución del cultivo de arroz y la cría de carpa común por la cultura Hemudu y en el sitio arqueológico de Jiahu (cuenca del río Yangtsé, China).Edwards (2025); Hoaglin (2022); Malindine (2019); Rogers (2024)
8000 – 6000 a. C.Los aborígenes Gunditjmara en Australia diseñan sofisticados sistemas de canales de piedra, presas y estanques para capturar y cultivar anguilas en el lago Condah y Mt. Eccles.Rose et al., (2016); Vivancos et al. (2021); Costa-Pierce (2022)
Aprox. 5000 a. C. (Mesolítico Tardío)Sociedades de cazadores-recolectores introducen deliberadamente la trucha común (Salmo trutta) en el lago Tesse (Noruega). Construyen trampas de madera estacionarias, evidenciando una gestión ambiental temprana miles de años antes de la agricultura en la región.Mjærum et al. (2026)
4875 – 2520 a. C.La cultura neolítica Boisman en Rusia (bahía de Pedro el Grande) desarrolla prácticas intensivas de cultivo de ostras en lagunas costeras.Rogers (2024)
2500 – 2000 a. C.Bajorrelieves en tumbas egipcias (como la de Akhethotep) muestran la captura de tilapias criadas en estanques artificiales construidos en jardines de la nobleza.Nash (2011); Costa-Pierce (2022); Hoaglin (2022); Vivancos et al. (2021)
1550 a. C.Pueblos originarios de la costa del Pacífico en Norteamérica (Canadá y EE. UU.) construyen «jardines de almejas» mediante terrazas intermareales de piedra para cultivar moluscos.Costa-Pierce (2022); Rogers (2024)
475 – 460 a. C.Fan Li escribe en China el Tratado de Piscicultura (Classic of Fish Farming), la primera monografía conocida que describe en detalle el diseño de estanques y la reproducción artificial de la carpa común.Gui (2024); Edwards (2025); Hoaglin (2022); Nash (2011); Vivancos et al. (2021)
50 a. C.Desarrollo de las chinampas («jardines flotantes») en el Valle de México, integrando campos agrícolas elevados con canales acuícolas.Rogers (2024)
Siglo I a. C. – I d. C.En el Imperio Romano, las élites construían vivariae piscinae (estanques artificiales marinos o de agua dulce) en sus villas costeras para criar especies de lujo como ostras, morenas, rodaballos y carpas.Nash (2011); Hoaglin (2022); Vivancos Ramón et al. (2021)
618 – 907 d. C.Durante la dinastía Tang en China, se prohíbe el cultivo de la carpa común porque su nombre (Li) coincidía con el del emperador. Esta restricción impulsa la invención del policultivo con otras especies de carpas asiáticas.Ren et al. (2025); Edwards (2025); Smith (2012)
Siglos V – XV d. C.En Europa, los monasterios cristianos (como la orden cisterciense) expanden las redes de estanques (vivaria) para criar carpas y asegurar proteína durante la Cuaresma. En Java (Sudeste Asiático) surgen los tambaks o estanques costeros para cultivar sabalote.Hufthammer y Moe (2014); Costa-Pierce (2022); Vivancos et al. (2021); Nash (2011)
Aprox. 1400 – 1420 d. C.Las comunidades hawaianas desarrollan complejos sistemas costeros (ahupua‘a / loko i’a) que integran piscicultura y cultivo de taro. En Francia, el monje Dom Pinchon realiza la primera incubación artificial de huevos de trucha en cajas con arena.Hufthammer y Moe (2014); Rogers (2024); Nash (2011); Vivancos et al. (2021)
1763El naturalista alemán Ludwig Jacobi publica sus hallazgos sobre la técnica de fertilización e incubación artificial de huevos de trucha.Nash (2011); Smith (2012)
1848 – 1852Joseph Remy y Antoine Géhin redescubren la reproducción artificial de la trucha. En 1852, el gobierno francés financia en Huningue la primera piscifactoría pública del mundo, marcando el inicio de la acuicultura moderna.Nash (2011); Smith (2012)
1933 – 1934Alvin Seale introduce el uso de nauplios de Artemia como alimento vivo larvario. Paralelamente, Motosaku Fujinaga logra cerrar por primera vez en Japón el ciclo de vida en cautiverio del camarón Kuruma (Marsupenaeus japonicus).Hoaglin (2022); Ren et al. (2024); Escobedo-Bonilla et al. (2025); Stickney y Treece (2012)
Década de 1950 – 1960Despegue de la acuicultura marina comercial en jaulas y redes. Investigadores en EE.UU., Japón y Noruega logran avances decisivos en la crianza larvaria y comercial de camarón marino, salmón del Atlántico, trucha y peces planos.Stickney y Treece (2012); Nash (2011); Escobedo-Bonilla et al. (2025)
1970 – PresenteConsolidación de la «Revolución Azul», impulsada por jaulas en alta mar, dietas pelletizadas/extruidas, selección genética y monocultivos intensivos. La producción global se expande aceleradamente para responder al estancamiento de las pesquerías extractivas.Nash (2011); Costa-Pierce (2022); Smith (2012)
Línea de tiempo de la historia de la acuicultura. Elaborado por Gemini.
Línea de tiempo de la historia de la acuicultura. Elaborado por Gemini.

Los orígenes: la primera revolución azul

En la actualidad, el término «Revolución Azul» se utiliza comúnmente para referirse a la expansión masiva de la acuicultura comercial iniciada a mediados del siglo XX con el fin de compensar la sobreexplotación pesquera. Sin embargo, Rogers (2024) señala que la verdadera «primera revolución azul» es un concepto acuñado por la arqueología para describir el surgimiento primigenio de la acuicultura durante el Holoceno Temprano, hacia el año 8000 a. C.

A continuación, exploramos las características fundamentales de cada etapa en la evolución histórica de esta actividad:

Período Neolítico y Mesolítico (8000 a. C. – 5000 a. C.): Los ingenieros de ecosistemas

En la prehistoria, la acuicultura no surgió como una industria, sino como una estrategia de adaptación y supervivencia frente a la presión demográfica y los cambios climáticos.

Según Edwards (2025), hace aproximadamente 10 000 años en China, las comunidades en transición hacia la agricultura desarrollaron humedales agrícolas donde coevolucionaron el cultivo de arroz y la crianza de la carpa común.  Otros estudios respaldan esta antigüedad, encontrando evidencia del cultivo de carpas en la misma región que data del 6200 a.C. (Nakajima et al., 2019). En ese mismo período, los aborígenes Gunditjmara en Australia aprovecharon las alteraciones geomorfológicas causadas por una colada de lava en el monte Eccles para diseñar un vasto sistema de canales, presas y estanques (Rose et al., 2016). Esta infraestructura, que abarcó más de 75 km², les permitió canalizar y capturar anguilas de aleta corta (Anguilla australis), asegurando alimento durante todo el año para sus asentamientos permanentes.

Asimismo, destaca el extraordinario caso de los grupos cazadores-recolectores de Escandinavia. Un estudio de Mjærum et al. (2026) reveló que hacia el 5000 a. C., tras el retroceso glaciar, los lagos noruegos de alta montaña —como el lago Tesse— carecían de peces debido a barreras topográficas naturales. Para superar este obstáculo, estas poblaciones trasladaron deliberadamente ejemplares de trucha común (Salmo trutta) e instalaron sofisticadas trampas fijas de madera. La construcción y mantenimiento de estas estructuras demuestran que la producción planificada y la gestión ambiental no fueron logros exclusivos de las sociedades agrícolas posteriores.

La Antigüedad y los primeros sistemas (4875 a. C. – siglo I d. C.)

A medida que las sociedades humanas se expandían, la intervención en los ecosistemas acuáticos se volvió más intencionada y compleja. Según Rogers (2024), en las costas del Pacífico de Norteamérica, las comunidades originarias transformaron la franja intermareal creando «jardines de almejas». Mediante la edificación de terrazas sostenidas con muros de piedra, estas poblaciones no solo facilitaban la recolección de alimento, sino que expandían y optimizaban directamente el hábitat para el desarrollo de los bivalvos, mitigando así la presión demográfica.

El control sobre el recurso hídrico también adquirió un claro valor de estatus social. Nash (2011) señala que, en el Antiguo Egipto, los bajorrelieves documentan cómo la nobleza diseñaba estanques privados en sus jardines dedicados a la crianza de tilapias. No obstante, Costa-Pierce (2022) destaca que esta sistematización alcanzó su máxima sofisticación en China hacia el 475 a. C. con Fan Li, autor del Tratado de Piscicultura, la primera obra conocida que formalizó el diseño de estanques y la reproducción controlada de peces. En ese mismo período, en el Valle de México florecían las prolíficas «chinampas» —campos agrícolas elevados integrados por canales acuícolas—, mientras que en el Imperio Romano la élite invertía en sofisticadas vivariae piscinae, exclusivas instalaciones costeras destinadas al mantenimiento de ostras y especies marinas de lujo (Costa-Pierce, 2022).

Edad Media: Policultivos, monasterios y adaptación local (siglos V – XV d. C.)

Durante la Edad Media, la acuicultura experimentó profundas adaptaciones motivadas por factores culturales, geográficos y religiosos. Según Edwards (2025), en la China de la Dinastía Tang (618-907 d. C.) ocurrió un hecho singular: la palabra empleada para la carpa común compartía la pronunciación de «Li», el apellido imperial. Esto derivó en la prohibición de su cultivo y consumo. No obstante, este obstáculo imprevisto impulsó a los piscicultores a experimentar, lo que condujo a la invención del policultivo: la integración de diversas especies de carpas que aprovechaban distintos nichos ecológicos del estanque sin competir entre sí.

En Europa, la fe cristiana se convirtió en el principal motor de la acuicultura continental. Nash (2011) y Hufthammer y Moe (2014) destacan que las órdenes monásticas (como los benedictinos y cistercienses) expandieron complejas redes de vivaria y servatoria (estanques de cría y almacenamiento) para asegurar el suministro de pescado durante la Cuaresma y los días de ayuno.

Asimismo, Hufthammer y Moe (2014) señalan que en el riguroso clima de Escandinavia, donde la carpa común no toleraba los gélidos inviernos, monjes y nobles adaptaron su producción hacia la carpa cruciana (Carassius carassius). Esta especie resultó idónea para el norte de Europa por su extraordinaria capacidad para sobrevivir meses bajo el hielo en condiciones cercanas a la anoxia. Por otro lado, Costa-Pierce (2022) reporta que en el Sudeste Asiático (Java), hacia el año 1200, surgieron los primeros tambaks o estanques costeros de agua salobre orientados al cultivo del sabalote (milkfish).

El despertar científico (aprox. 1400 – 1900)

En este período, la acuicultura inició su transición hacia la formalización científica. Nash (2011) reporta que, en la década de 1420, el monje francés Dom Pinchon logró la incubación artificial de huevos de trucha en cajas de madera. Sin embargo, fue el alemán Ludwig Jacobi en 1763 quien consolidó y difundió la técnica de fertilización e incubación artificial de este salmónido. A mediados del siglo XIX, los franceses Remy y Géhin redescubrieron este método, obteniendo el respaldo estatal para construir en 1852 la piscifactoría de Huningue (Francia), un complejo pionero que masificó la piscicultura en Europa.

Por su parte, Sterckx (2025) concluye que la piscicultura en la China premoderna evolucionó más allá de la simple recolección y supervivencia hacia sistemas sofisticados de domesticación de paisajes y gestión de recursos ecosistémicos, apoyados en un cuerpo de conocimientos técnicos y ecológicos transmitidos y perfeccionados a lo largo de los siglos.

Paradójicamente, la Revolución Industrial provocó un fuerte declive productivo en la acuicultura europea y americana (Smith, 2014). El surgimiento de los buques de vapor, las redes de arrastre, el hielo industrial y las redes ferroviarias otorgaron una rentabilidad abrumadora a la pesca marina de altura, relegando a los antiguos sistemas de cultivo en estanques al abandono económico (Nash, 2011; Smith, 2014).

El resurgimiento y la base tecnológica (1900 – 1960)

La primera mitad del siglo XX no se caracterizó por un gran crecimiento comercial, sino por el desarrollo intensivo de infraestructura y avances de laboratorio que sentaron las bases de la acuicultura contemporánea (Nash, 2011). En la década de 1930, ocurrió uno de los hitos biológicos más trascendentales cuando investigadores como Alvin Seale y Gunnar Rollefson descubrieron que los nauplios del crustáceo Artemia podían eclosionar a partir de quistes secos almacenables. Este hallazgo proporcionó alimento vivo de alta calidad y a demanda, resolviendo el cuello de botella en la nutrición de las delicadas larvas de peces marinos y camarones (Nash, 2011).

Durante la posguerra, Japón lideró avances decisivos en la cría de macroalgas e incubación de camarones, mientras que en Europa y Norteamérica se gestó una transformación estructural. Noruega, aprovechando la protección de sus fiordos, comenzó a cultivar exitosamente trucha arcoíris y salmón del Atlántico en balsas-jaula flotantes sobre el mar, definiendo el diseño técnico de la industria marina moderna (Stickney y Treece, 2012).

La Revolución Azul y el «clímax antropogénico» (1970 – presente)

Según Nash (2011), impulsada por el estancamiento y declive de la pesca extractiva marina, la acuicultura experimentó un despegue comercial masivo a partir de la década de 1970, consolidándose como la industria de producción de alimentos de mayor crecimiento en el mundo. Para sostener esta expansión, el sector privado introdujo avances tecnológicos drásticos: dietas secas y extruidas ricas en lípidos, automatización del alimento mediante sensores, programas de selección genética y gigantescas jaulas mar adentro (offshore) (Carrera, 2020).

Este modelo de crianza intensiva se exportó rápidamente a nivel global. En Sudamérica, empresas multinacionales y la Fundación Chile impulsaron el cultivo masivo de salmón (coho y del Atlántico) en el sur chileno gracias a sus condiciones geográficas privilegiadas. Respaldado por políticas agroexportadoras, Chile se convirtió —junto con la industria del camarón en Ecuador— en el principal motor acuícola del continente (Nash, 2011). Sicuro et al. (2024) analizan la evolución de la acuicultura en Sudamérica entre 1950 y 2017 y concluyen que el sector ha experimentado un crecimiento extraordinario y cuasi-exponencial, pasando de apenas 40 toneladas a más de 2,5 millones de toneladas, un ritmo que superó con creces la tendencia mundial.

Desde una perspectiva evolutiva y económica moderna, de acuerdo con Sicuro (2024) la acuicultura ha transitado, en regiones como el Mediterráneo o las costas del Pacífico, hacia un escenario denominado «clímax antropogénico»; el investigador destaca que esta etapa contemporánea está ecológicamente dominada por la alta rentabilidad del monocultivo intensivo de un puñado de especies superproductoras (como la tilapia del Nilo, el salmón del Atlántico y el camarón blanco), desplazando al segundo plano las prácticas extensivas tradicionales y de policultivo que prevalecieron durante milenios.

Aparición regional de la acuicultura documentada en la literatura arqueológica. Fuente: Rogers (2023).
Aparición regional de la acuicultura documentada en la literatura arqueológica. Fuente: Rogers (2023).

Acuicultura antigua vs. acuicultura moderna: la comparación clave

A pesar de la sofisticación tecnológica de la acuicultura contemporánea, los modelos ancestrales ofrecen valiosas lecciones para la sostenibilidad del sector. A continuación, se presenta una matriz comparativa, basada en la literatura científica, que sintetiza las diferencias fundamentales entre la acuicultura antigua (desde sus orígenes prehistóricos hasta la era preindustrial) y la acuicultura moderna (desde mediados del siglo XX hasta la actualidad):

Tabla 2. Comparación entre la acuicultura antigua y la acuicultura moderna.

CaracterísticaAcuicultura AntiguaAcuicultura Moderna
Propósito y motivaciónSurgió como una estrategia de adaptación para garantizar la subsistencia, almacenar alimentos vivos frente a periodos de escasez (reserva estratégica), cumplir rituales religiosos o proyectar estatus y riqueza (como en la Roma y el Egipto antiguos).Impulsada principalmente por el comercio internacional, la demanda de una población global en crecimiento acelerado y la necesidad de responder al estancamiento y sobreexplotación de las pesquerías extractivas.
Enfoque del ecosistema y tecnologíaBasada en la «ingeniería de ecosistemas» y en la modificación del paisaje (ej. chinampas en México, loko i’a en Hawái, canales de piedra en Australia). Utilizaba sistemas extensivos o semiintensivos dependientes de las mareas, la gravedad y los flujos hídricos naturales.Basada en sistemas altamente industrializados e intensivos, como los Sistemas de Recirculación en Acuicultura (RAS), jaulas mar adentro (offshore), tecnología biofloc, aireación mecánica y monitoreo automatizado de la calidad del agua.
Especies cultivadasPriorizaba especies locales con alta capacidad de resiliencia, adaptadas a variaciones de salinidad, bajos niveles de oxígeno y entornos fluctuantes (ej. carpa común, tilapia, anguilas, lisas, bagres y ostras).Centrada en un número reducido de especies de alto valor comercial y elevada demanda global (ej. salmón del Atlántico, camarón blanco, dorada, lubina), las cuales requieren parámetros ambientales estrictamente controlados.
Alimentación y nutriciónDependía de la productividad natural del ecosistema (plancton, bentos) y de la integración agroacuícola. Se estimulaba la red trófica mediante fertilización con subproductos agrícolas y el uso de policultivos (ej. arroz-pez o combinación de carpas).Depende de dietas formuladas en pellets o alimentos extruidos de alto contenido proteico. Históricamente, estos insumos han requerido importantes volúmenes de harina y aceite de pescado procedentes de peces forrajeros.
Sostenibilidad e impacto ambientalAltamente resiliente y sostenible. Operó durante siglos o milenios sin agotar los recursos locales, generando una baja huella ecológica al imitar los ciclos biológicos y reciclar nutrientes de forma interna.En diversos contextos opera mediante monocultivos intensivos que generan efluentes con carga orgánica, pudiendo ocasionar eutrofización, contaminación e introducción de patógenos, con una huella ecológica que demanda insumos externos.
Nivel de domesticaciónCon frecuencia se basó en la captura de juveniles silvestres para su engorde en cautiverio, sin cerrar el ciclo de vida completo ni generar cepas genéticamente diferenciadas (salvo excepciones tempranas como la carpa común).Implica un control integral del ciclo biológico en criaderos (hatcheries), programas de selección genética avanzada para optimizar el crecimiento y la resistencia a enfermedades, e incluso el uso de organismos genéticamente modificados.

En conclusión, mientras que la acuicultura antigua transformó paisajes enteros para crear agroecosistemas resilientes, integrados y diversos que imitaban la naturaleza para garantizar la seguridad alimentaria local a largo plazo (Rogers, 2024), la acuicultura moderna, impulsada por la dinámica del mercado global, ha priorizado la intensificación y el monocultivo tecnológico (Smith, 2014).

Aunque la industria contemporánea es extraordinariamente productiva y decisiva para el suministro global de proteína acuática, la perspectiva histórica demuestra que reincorporar los principios ecológicos ancestrales —como el policultivo, la integración trófica y el aprovechamiento de especies locales— resulta fundamental para mitigar los impactos ambientales y consolidar una «Revolución Azul» genuinamente sostenible.

Qué enseña esta historia a los acuicultores (lecciones aprendidas)

Más allá de reconstruir la cronología de la acuicultura, el propósito central de este análisis es extraer lecciones estratégicas que permitan a los productores actuales optimizar sus modelos de producción. En este camino, cobra especial vigencia la célebre máxima: «Quien no conoce su historia está condenado a repetirla».

A continuación, sintetizamos los aprendizajes clave que nos legaron los antiguos acuicultores para la industria contemporánea:

Transición del monocultivo al policultivo y los sistemas integrados

La historia demuestra la notable eficacia y resiliencia de los sistemas integrados, como el cultivo conjunto de arroz y peces en China. En este modelo, los peces controlan plagas e insectos mientras fertilizan el cultivo con sus efluentes; a su vez, el arroz proporciona sombra y optimiza la calidad del agua (Hoaglin, 2022; Rogers, 2024). Esta técnica ancestral se mantiene vigente y permite a los productores diversificar sus cosechas.

Del mismo modo, Rogers (2024) reporta que el antiguo sistema chino que combinaba morera, gusanos de seda y estanques piscícolas lograba una sinergia ecológica capaz de reciclar nutrientes y minimizar residuos. Inspirados en este principio, los productores modernos deben transicionar desde los monocultivos intensivos hacia la Acuicultura Multitrófica Integrada (IMTA). Esta práctica combina especies alimentadas (como peces) con especies extractivas orgánicas e inorgánicas (bivalvos, pepinos de mar y macroalgas) que funcionan como biofiltros naturales, limpiando el agua, reduciendo la contaminación y generando ingresos complementarios.

Actuar como «ingenieros de ecosistemas» y adoptar la acuicultura ecológica

Las civilizaciones antiguas no se limitaban a criar peces, sino que «domesticaban paisajes» enteros para modelar ecosistemas productivos y resilientes (Rogers, 2024). Ejemplo de ello son los pueblos originarios de Norteamérica, quienes construyeron «jardines de almejas» mediante terrazas de piedra intermareales. Estas infraestructuras no solo multiplicaron hasta por cuatro la biomasa de los bivalvos, sino que impulsaron la biodiversidad marina local y ayudaron a amortiguar las fluctuaciones de temperatura y la acidificación costera (Costa-Pierce, 2022).

Ante este legado, los productores modernos deben implementar de forma decidida un Enfoque Ecosistémico de la Acuicultura (EAA). Esto implica diseñar unidades de producción que aporten servicios ecosistémicos positivos a su entorno en lugar de degradarlo, replicando los ciclos naturales para maximizar la eficiencia en el uso de los recursos (Rogers, 2024).

Reducir la dependencia de los océanos priorizando especies resilientes y de niveles tróficos bajos

En la antigüedad, la acuicultura prosperó gracias al cultivo de especies omnívoras y herbívoras altamente rústicas y adaptables (como carpas, tilapias, lisas, bagres y ostras). Estas especies eran capaces de tolerar amplias fluctuaciones ambientales y bajos niveles de oxígeno (Rogers, 2024). En contraste, la acuicultura contemporánea depende en exceso de peces carnívoros (como el salmón) que requieren dietas con alto contenido de harina y aceite de pescado, intensificando la presión sobre las pesquerías pelágicas silvestres.

La lección que nos deja el pasado es concluyente: para alcanzar una verdadera sostenibilidad a largo plazo, la industria debe priorizar la crianza de especies de niveles tróficos bajos o desarrollar dietas basadas en fuentes alternativas de proteína vegetal y subproductos.

Convertir los desechos en recursos mediante tecnologías de circuito cerrado

Para gestionar los límites de asimilación de desechos en los ecosistemas, la acuicultura moderna ha desarrollado innovaciones que emulan el reciclaje natural de los sistemas ancestrales. En este sentido, los productores pueden implementar la tecnología biofloc (BFT), la cual estimula una densa comunidad de bacterias heterotróficas en la columna de agua para asimilar los efluentes nitrogenados tóxicos y transformarlos en biomasa microbiana rica en proteína.

Este «biofloc» funciona como alimento suplementario directo para especies como el camarón y la tilapia, optimizando los costos de alimentación y reduciendo las tasas de recambio hídrico. Otra alternativa eficiente es la acuaponía, la cual aprovecha los efluentes de los peces para fertilizar cultivos hidropónicos de alto valor comercial.

Mejorar la bioseguridad para prevenir epidemias devastadoras

El hacinamiento y las fluctuaciones en la calidad del agua en los monocultivos intensivos han detonado epidemias catastróficas, como el virus del Síndrome de Taura en camarones o la Anemia Infecciosa del Salmón (ISA), ocasionando pérdidas multimillonarias a la industria (Smith, 2014; Hoaglin, 2022). Ante este escenario, la gestión adecuada del microbioma y la mitigación del estrés animal desempeñan un rol crucial.

Sistemas como la tecnología biofloc no solo optimizan la calidad del agua, sino que refuerzan la bioseguridad mediante el principio de exclusión competitiva, donde comunidades microbianas benéficas previenen la proliferación de patógenos. Asimismo, el respeto a la capacidad de carga del ecosistema y la implementación del policultivo disminuyen el estrés fisiológico en los organismos, reduciendo su vulnerabilidad ante enfermedades (Stickney y Treece, 2012).

Obtener «licencia social» mediante la integración comunitaria

Históricamente, la acuicultura estuvo profundamente arraigada en las necesidades, creencias y estructuras sociales de las poblaciones locales, garantizando un suministro previsible de alimento y empleo durante milenios (Stickney y Treece, 2012; Costa-Pierce, 2022; Rogers, 2023). En contraste, la acuicultura industrial enfrenta con frecuencia una fuerte resistencia pública (falta de «licencia social») debido al impacto visual, la contaminación, los escapes de ejemplares y los conflictos por el uso de la franja costera y los recursos hídricos.

Según Stickney y Treece (2012), para superar los desafíos regulatorios y comerciales en el futuro, los productores deben involucrar activamente a las comunidades de su entorno y adoptar esquemas de certificación y ecoetiquetado. La integración transparente de las unidades de producción en los planes de desarrollo rural y de gestión costera no solo contribuirá a mitigar la pobreza local, sino que consolidará el compromiso social y ambiental de la industria.

Conclusión

La historia de la acuicultura describe una actividad económica que durante ocho milenios mantuvo una baja intensidad, integrada en el paisaje agrícola y orientada a la resiliencia. Sin embargo, en apenas siete décadas se transformó en un sector industrial capaz de producir 103 millones de toneladas anuales, hasta superar a la pesca extractiva como la principal fuente de proteína de origen acuático. En las últimas dos décadas, no obstante, el sector ha comenzado a desandar el camino: policultivos, integración trófica, economía circular y reducción de insumos externos.

Ese retorno no responde a la nostalgia, sino a la innovación. La Acuicultura Multitrófica Integrada (IMTA) no es un estanque neolítico, ni un sistema de recirculación (RAS) es un loko iʻa hawaiano. Sin embargo, ambas soluciones responden a la interrogante que las comunidades Gunditjmara y los criadores de Jiahu ya planteaban: cómo obtener proteína acuática de manera confiable sin agotar el ecosistema emisor. La diferencia radica en que, en la actualidad, la respuesta debe satisfacer a 9000 millones de personas bajo el estricto escrutinio de mercados, reguladores y consumidores.

Comprender la trayectoria histórica de la acuicultura trasciende el ejercicio académico. Tres razones prácticas justifican su relevancia:

  • Los sistemas ancestrales eran policultivos: El cultivo integrado de arroz y peces en China y los estanques hawaianos combinaban especies de diversos niveles tróficos. La IMTA, que hoy se presenta como una vanguardia tecnológica, constituye una reformulación científica de esa misma lógica.
  • Las crisis sanitarias se repiten: Las emergencias epidemiológicas en el cultivo de camarón durante la década de 1990 o en la industria salmonera en el presente siglo replicaron un patrón conocido en la historia agrícola: monocultivos a alta densidad sumados al transporte internacional de reproductores equivalen a epidemias.
  • La regulación suele ser reactiva: Cada salto tecnológico —jaulas marinas, inducción hormonal o transgénesis— se adoptó comercialmente años antes de contar con un marco normativo. Anticipar este desfase permite prever el impacto de la genómica y la automatización actuales.

Si algo evidencia este recorrido es que los grandes avances del sector no provinieron del incremento de capital o superficie, sino de la resolución de cuellos de botella biológicos concretos: la fertilización artificial, la reproducción inducida y la nutrición formulada. El próximo capítulo de esta historia se escribe hoy, y llevará la firma de la genómica y los ingredientes alternativos.

Preguntas frecuentes sobre la historia de la acuicultura

¿Cuál es el origen de la acuicultura?

El origen de la acuicultura se remonta al Holoceno Temprano, alrededor del 8000 a. C. (hace unos 10 000 años). Surgió como una estrategia prehistórica de adaptación y supervivencia frente a la presión demográfica y los cambios climáticos. Las evidencias más antiguas incluyen el cultivo de carpa común en humedales agrícolas de China, la construcción de canales para anguilas por los aborígenes Gunditjmara en Australia y el traslado de truchas a lagos de alta montaña en Escandinavia.

¿Quién inventó la acuicultura?

La acuicultura no fue inventada por una sola persona ni por una única cultura. Entre los pioneros más antiguos documentados por la ciencia destacan:
Las comunidades del Holoceno en China: Hace unos 10 000 años, agricultores ancestrales desarrollaron los primeros humedales dedicados al cultivo conjunto de arroz y la crianza de la carpa común.
El pueblo aborigen Gunditjmara en Australia: Diseñaron un complejo sistema de canales e hídricos de piedra de más de 75 km² para atrapar y mantener anguilas de aleta corta (Anguilla australis) durante todo el año.
Los cazadores-recolectores escandinavos: Hacia el 5000 a. C., trasladaron truchas comunes (Salmo trutta) a lagos de alta montaña e instalaron trampas fijas para gestionar su producción.
Si se habla de la primera sistematización escrita, el crédito histórico corresponde al estadista chino Fan Li, quien en el año 475 a. C. redactó el Tratado de Piscicultura, la primera obra conocida dedicada al diseño de estanques y a la reproducción controlada de peces.

¿Quién es el padre de la acuicultura?

Históricamente se reconoce a Fan Li como el «padre de la acuicultura» clásica. Este estadista chino escribió en el año 475 a. C. el Tratado de Piscicultura (Yang Yu Jing), considerado el primer libro de la historia dedicado al diseño de estanques y a la crianza controlada de la carpa común. Su obra sistematizó por primera vez las técnicas de manejo y selección de peces en cautiverio.
Por otro lado, en la era contemporánea, el jurista y naturalista alemán Ludwig Jacobi es considerado el «padre de la piscicultura moderna». En 1763, Jacobi publicó y consolidó el método de fertilización e incubación artificial de huevecillos de trucha en agua dulce. Este avance científico sentó las bases biológicas para la reproducción artificial de especies marinas y de agua dulce en todo el mundo.

¿Cuándo empezó la acuicultura moderna?

La acuicultura moderna comenzó a gestarse a mediados del siglo XVIII con el desarrollo de la fertilización e incubación artificial de truchas por Ludwig Jacobi en 1763, seguido por la creación de la piscifactoría de Huningue en Francia en 1852. Sin embargo, su despegue comercial e industrial definitivo ocurrió a partir de la década de 1970, en el marco de la llamada «Revolución Azul».
Este periodo de intensificación masiva estuvo impulsado por el estancamiento de la pesca extractiva y la adopción de avances tecnológicos clave: la invención de alimentos extruidos, el dominio de la eclosión de Artemia para larvas, la crianza en balsas-jaula offshore y el control microbiológico y genético de las especies.

¿Por qué la Iglesia impulsó la acuicultura en la Edad Media?

Durante la Edad Media, la Iglesia católica se convirtió en el principal impulsor de la acuicultura en Europa debido a las estrictas prescripciones religiosas de ayuno y abstinencia de carne roja, las cuales sumaban más de 130 días al año (incluyendo la Cuaresma). Para garantizar un suministro constante de pescado fresco sin depender del comercio marítimo —complejo y limitado en el interior del continente—, los monasterios y órdenes monásticas desarrollaron una avanzada ingeniería de estanques (vivaria).
De esta manera, los conventos funcionaron como verdaderos centros de innovación acuícola, perfeccionando la cría en agua dulce de especies como la carpa común, la trucha y el lucio, e integrando la producción de peces con la gestión hídrica y agrícola de sus dominios.

¿Qué diferencia hay entre la acuicultura antigua y la moderna?

La diferencia fundamental entre ambas eras radica en su enfoque ecológico, escala de producción y objetivos de mercado:
Acuicultura antigua: Operaba mediante sistemas extensivos y policultivos integrados al paisaje natural (como la combinación de arroz y peces o estanques de bivalvos). Priorizaba la seguridad alimentaria local, la subsistencia y el reciclaje interno de nutrientes con una baja huella ecológica.
Acuicultura moderna: Basada en la intensificación industrial y el monocultivo de especies de alto valor comercial (como el salmón o el camarón blanco) en ambientes estrictamente controlados. Aunque es inmensamente productiva para abastecer al mercado global, enfrenta importantes desafíos de efluentes, dependencia de insumos externos y bioseguridad.

¿Qué tecnologías marcan la etapa actual de la historia de la acuicultura?

La etapa contemporánea de la acuicultura está definida por la transición hacia la precisión, la automatización y la sostenibilidad ecológica. Entre las tecnologías más representativas destacan:
Sistemas de Recirculación en Acuicultura (RAS): Infraestructuras de circuito cerrado que reciclan hasta el 99 % del agua mediante filtración avanzada y control automatizado de parámetros, permitiendo la producción biosegura cerca de los mercados.
Tecnología Biofloc (BFT): Sistema heterotrófico que transforma los desechos nitrogenados en masa microbiana proteica, reduciendo el recambio hídrico y optimizando los costos alimenticios.
Acuicultura Multitrófica Integrada (IMTA): Enfoque que combina especies alimentadas con organismos extractivos (bivalvos, macroalgas) para reciclar nutrientes y emular los ecosistemas naturales.
Biotecnología y Sensores IoT: Herramientas de selección genómica, monitoreo mediante inteligencia artificial y nutrición de precisión con ingredientes alternativos.

Referencias

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