
- 1 Puntos clave del estudio
- 2 Por qué la distancia entre centros lo decide casi todo
- 3 Modelos vigentes desde 2005: una falta de validación en terreno
- 4 Estrategias de control ante un brote activo
- 5 Brechas de conocimiento en la investigación actual
- 6 Implicaciones prácticas para la gestión acuícola
- 7 Mapeo de la incertidumbre en el mar
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Puntos clave del estudio
- La distancia es determinante: En comparación con dos centros adyacentes (0 km), el riesgo de contagio se reduce al 20 % a los 3 km, al 6 % a los 10 km y al 2 % a los 20 km de distancia marítima.
- El sacrificio rápido es clave: La despoblación temprana sigue siendo la herramienta más efectiva. En Noruega, la combinación de tamizaje y despoblación redujo los brotes del 18,4 % al 0,36 % de los ciclos productivos.
- La vacunación ayuda, pero no es definitiva: Los peces vacunados aún transmiten el virus, aunque con una infectividad reducida en torno al 40 %.
- La detección sigue siendo tardía: Identificar un brote toma entre 3,6 y 5,6 meses desde la infección inicial, lo que implica casi medio año de propagación silenciosa.
- Modelos sin validación: De los 24 modelos evaluados, solo cuatro fueron validados y apenas dos contaron con procesos completos de calibración y validación.
El primer aviso casi nunca es dramático. Se trata de una planilla de mortalidad que sube ligeramente en la jaula 6 o de un par de peces que nadan cerca de la superficie con las branquias más pálidas de lo normal. El jefe de centro lo anota, lo comenta con el veterinario y continúa con su jornada. Sin embargo, dos semanas después, la curva de infectividad ya no deja lugar a dudas.
En ese momento surge la interrogante que nadie quiere formular en voz alta: ¿cuál será el siguiente centro afectado? A solo cuatro kilómetros, al otro lado del canal, opera una instalación con dos millones de peces, y a nueve kilómetros se ubica otra más. La corriente de agua fluye, las lanchas de servicio transitan constantemente y el personal se desplaza. Durante décadas, la respuesta a esa amenaza se ha construido con una mezcla de experiencia, normativas y una buena dosis de fe.
Para evaluar la solidez de esa respuesta, un equipo del Atlantic Veterinary College (de la University of Prince Edward Island), en colaboración con el Centre for Veterinary Epidemiological Research (CVER) y el Department of Fisheries, Forestry and Agriculture de Newfoundland and Labrador, revisó 898 estudios publicados entre 1980 y junio de 2024. Los investigadores seleccionaron 24 trabajos que representan la totalidad de los modelos matemáticos desarrollados para predecir cómo se propaga el virus de la anemia infecciosa del salmón (ISAV) entre peces, jaulas y centros de cultivo.
Lo que descubrieron es revelador, tanto por lo que confirma —la distancia marítima entre centros es el factor de mayor peso— como por lo que deja al descubierto: la mayoría de estos modelos nunca se ha contrastado con datos reales de terreno.
Por qué la distancia entre centros lo decide casi todo
Para quienes trabajan en acuicultura es evidente que el agua actúa como la principal vía de dispersión del patógeno. Sin embargo, lo que no resultaba evidente era la forma exacta en que decae ese riesgo: no sigue una trayectoria lineal, sino un desplome acelerado.
Los estudios noruegos que analizaron miles de ciclos productivos —uno de ellos monitoreó 1475 centros y 6829 cohortes entre 2004 y 2019— aportaron evidencia cuantitativa a esa intuición. Al tomar como referencia el riesgo de operar contiguo a un centro infectado, el peligro cae a una quinta parte a los tres kilómetros y a una vigésima parte a los veinte kilómetros. La curva se aplana con rapidez: los primeros kilómetros otorgan un margen de protección considerablemente mayor que los últimos.
No obstante, existe un factor crítico: la distancia debe medirse siguiendo el flujo del agua y no en línea recta sobre un mapa. Es lo que se define como distancia marítima: el trayecto real que recorre una partícula viral bordeando costas, islas y penínsulas. Dos centros que parecen cercanos geográficamente pueden estar epidemiológicamente distantes si existe un accidente geográfico de por medio; del mismo modo, dos centros lejanos pueden estar conectados por una corriente directa.
Por otro lado, el agua no es la única vía de transmisión. Las investigaciones revelaron que pertenecer a la misma red de contactos operativos de un centro infectado —mediante embarcaciones compartidas, equipos o personal— incrementa el riesgo de contagio casi al mismo nivel que ubicarse a menos de cinco kilómetros. Alejar las instalaciones resulta insuficiente si los vectores operativos transitan libremente entre ellas. De hecho, en diversos brotes, más del 30 % de los casos no pudieron atribuirse a ninguna fuente documentada.
Modelos vigentes desde 2005: una falta de validación en terreno
Los primeros modelos de propagación del ISAV surgieron en Canadá en 2005 mediante simulaciones hidrodinámicas que liberaban partículas virtuales desde un centro y rastreaban su dispersión con las mareas. Aunque el planteamiento era riguroso, los autores de la revisión señalan un limitante principal: la mayoría de estas simulaciones liberaba partículas en una sola estación del año y durante un único ciclo de mareas.
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Este enfoque omite variables críticas. Las corrientes y el viento alcanzan su mayor intensidad en primavera y comienzos del verano, periodo en el que se registra la mayoría de los brotes clínicos. Por ello, un modelo calibrado durante un día apacible de otoño puede subestimar sistemáticamente el alcance del virus en temporadas de mayor riesgo.
La revisión también arrojó hallazgos contraintuitivos sobre las zonas de amortiguación fijas. El radio tradicional de 5 km alrededor de un centro tendía a sobrestimar la conectividad hídrica real. Además, las conexiones no siempre son recíprocas: entre el 20 % y el 58 % del tiempo, el flujo que salía del centro A alcanzaba al centro B, pero el agua del centro B nunca retornaba al centro A. La transmisión en el entorno marino posee una dirección definida.
De los 24 estudios analizados:
- 16 eran mecanicistas (reproducen el proceso biológico paso a paso).
- 5 eran híbridos.
- 3 eran puramente estadísticos.
Trece de ellos operaban con un enfoque determinista, ofreciendo los mismos resultados ante los mismos datos de entrada. No obstante, la transmisión de enfermedades es un proceso estocástico sujeto al azar —la susceptibilidad del primer pez, las condiciones del viento o el momento exacto del brote respecto a la cosecha—. Esta variabilidad tiene un impacto mayor cuando las poblaciones son reducidas o la prevalencia es baja. A partir de 2020, la investigación comenzó a migrar hacia modelos que incorporan esta incertidumbre.
El aspecto más crítico expuesto por la revisión es que solo cuatro de los 24 estudios validaron sus resultados, y en la mayoría de los casos se trató de una validación por criterio de expertos y no de una contrastación con brotes reales. Los autores atribuyen esto a que obtener datos de campo es costoso, complejo éticamente y, en ocasiones, inviable debido a la falta de registros sistemáticos.
Estrategias de control ante un brote activo
En el ámbito operativo, la revisión proporciona datos de alta aplicabilidad.
En Noruega, la despoblación rápida de los centros infectados demostró ser una medida altamente efectiva. La combinación de tamizaje sistemático y despoblación redujo la proporción de ciclos productivos con brotes del 18,4 % al 0,36 %. Al integrar la vacunación obligatoria a este esquema, la cifra descendió al 0,24 %. Estas reducciones explican por qué el sacrificio temprano se mantiene como el método de control más eficaz.
Respecto a la vacunación, se observan matices importantes. Un estudio realizado a nivel individual (420 peces) determinó que los ejemplares vacunados continuaban transmitiendo el virus, aunque con una infectividad aproximada un 40 % menor. Por su parte, la selección genética redujo la mortalidad diaria de 0,013 a 0,003 por pez, pero no disminuyó la susceptibilidad a la infección. En términos prácticos: los peces enferman al mismo ritmo, pero registran menor mortalidad.
No todas las intervenciones muestran los mismos resultados en diferentes geografías. Un modelo aplicado en Canadá y Estados Unidos indicó que el paquete de vigilancia y sacrificio no reducía significativamente el número de centros infectados, aunque sí contenía el impacto dentro de cada centro. Los investigadores explicaron que la detección completa tomaba entre 32 y 93 días, y el modelo se basó en el brote de 2002-2004 en New Brunswick y Maine, donde 25 de 32 centros activos se infectaron a pesar de la aplicación de medidas de control.
Escocia representa un caso referente a la política pública fundamentada en modelos. Desde el año 2000 implementó áreas de manejo donde los centros deben guardar una separación equivalente al doble de la distancia de excursión de marea: 7,2 km en la zona continental y 3,6 km en las islas Shetland. Entre 2008 y 2009, la región reportó un solo incidente aislado.
Brechas de conocimiento en la investigación actual
El estudio expone asimismo una serie de vacíos científicos que requieren atención prioritaria:
- Número reproductivo básico (): La cantidad de centros secundarios que infecta un centro de origen solo se estimó en dos estudios, basados en la epidemia chilena de 2007-2009 (con valores de 1,3 a 2,5 a nivel de centro). Aún no se ha calculado este indicador según la estacionalidad o el genotipo del virus.
- Parámetros biológicos fundamentales: Variables como el periodo de incubación, el periodo infeccioso, la tasa de excreción viral y la tasa de recuperación no fueron estimadas en ninguno de los 24 estudios evaluados.
- El rol del HPR0: Esta variante no patogénica del ISAV suele quedar fuera de los programas de vigilancia concentrados en la variante HPR-delecionada. Sin embargo, existe evidencia de que el HPR0 puede mutar hacia formas virulentas. En Chile se documentó que la prevalencia de HPR0 incrementa tras controlar los brotes patogénicos, constituyendo un reservorio silencioso omitido por la mayoría de los modelos.
Implicaciones prácticas para la gestión acuícola
A partir de los hallazgos de la revisión, se derivan cuatro recomendaciones clave para la toma de decisiones en los centros de cultivo:
- Distancias dinámicas: Se debe reevaluar el uso de radios fijos e implementar cálculos de distancia específicos para cada centro y época del año. La conectividad hídrica varía drásticamente entre invierno y primavera.
- Reconfiguración territorial: Una estructura basada en una menor cantidad de centros pero de mayor escala y con mayor distanciamiento entre sí presentó menor propagación que un modelo de múltiples centros pequeños y cercanos.
- Vigilancia focalizada: Un estudio demostró que monitorear el 65 % de los centros —seleccionados estratégicamente por su alta conectividad hídrica— permite identificar el 100 % de los centros afectados, optimizando el uso de recursos.
- Evaluación económica: Ninguno de los estudios de medidas de control incorporó un análisis de costo-beneficio, un insumo crítico considerando los elevados costos asociados al sacrificio, la vacunación o la reubicación de concesiones.
Mapeo de la incertidumbre en el mar
Aquel jefe de centro que detectó las primeras anomalías en la jaula 6 evalúa, en la práctica, los mismos factores que estudian los modelos epidemiológicos: la probabilidad de transmisión a través del agua.
Hoy la industria cuenta con mayor evidencia para respaldar la toma de decisiones. Se reconoce que una distancia marítima de diez kilómetros reduce el riesgo de forma sustancial en comparación con una de tres kilómetros, aunque los vectores operativos pueden atenuar esa ventaja. Asimismo, ante la sospecha diagnóstica, la despoblación temprana se mantiene como la medida con mayor respaldo técnico, considerando que la ventana de contagio silencioso puede haber iniciado meses atrás.
La revisión del Atlantic Veterinary College enfatiza que la ciencia aplicada a la epidemiología del ISAV continúa consolidándose. Identificar estas brechas de conocimiento no invalida las recomendaciones vigentes, sino que las posiciona como las mejores herramientas disponibles mientras se recopila la información de campo requerida para perfeccionar los modelos.
Contacto
Ahsan Raquib
Department of Health Management, Atlantic Veterinary College, University of Prince Edward Island
Charlottetown, Prince Edward Island, Canada
Email: araquib@upei.ca
Referencia (acceso abierto)
Raquib, A., Thapa, P. C., Hammell, K. L., Sanchez, J., & Thakur, K. K. (2026). A Systematic Review of Studies Investigating the Transmission Dynamics of Infectious Salmon Anemia Virus. Reviews in Aquaculture, 18(4), e70190. https://doi.org/10.1111/raq.70190
Editor de la revista digital AquaHoy. Biólogo Acuicultor titulado por la Universidad Nacional del Santa (UNS) y Máster en Gestión de la Ciencia y la Innovación por la Universidad Politécnica de Valencia, con diplomados en Innovación Empresarial y Gestión de la Innovación. Posee amplia experiencia en el sector acuícola y pesquero, habiendo liderado la Unidad de Innovación en Pesca del Programa Nacional de Innovación en Pesca y Acuicultura (PNIPA). Ha sido consultor senior en vigilancia tecnológica, formulador y asesor de proyectos de innovación, y docente en la UNS. Es miembro del Colegio de Biólogos del Perú y ha sido reconocido por la World Aquaculture Society (WAS) en 2016 por su aporte a la acuicultura.





