
En el interior semiárido del noreste de Brasil, lejos de cualquier costa, un productor revisa los niveles de potasio en el agua de sus estanques antes de decidir si vacía o no la siguiente cosecha. No está viendo el océano desde su oficina; está viendo un pozo de agua subterránea que alimenta sus tanques de crianza del camarón blanco Penaeus vannamei, la especie que domina la acuicultura mundial. Hace veinte años, esta escena hubiera sonado a ciencia ficción. Hoy es una realidad creciente desde Tailandia hasta Kuwait, pasando por Alabama y el sertón brasileño.
Esta migración del camarón «tierra adentro» no es casualidad ni una moda pasajera. Es la respuesta de toda una industria a presiones muy concretas: enfermedades devastadoras en la costa, escasez de tierra litoral y una necesidad urgente de controlar mejor la bioseguridad. Y un nuevo estudio bibliométrico publicado en Critical Insights in Aquaculture, liderado por Renato Pinheiro Gouveia y su equipo de investigadores brasileños de la Federal University of Recôncavo da Bahia (UFRB), de la Universidad Estatal de Bahía, y de la State University of Bahia (UNEB) acaba de poner en orden más de dos décadas de ciencia sobre este fenómeno, analizando 604 estudios científicos para entender hacia dónde va realmente este campo.
- 1 El agua dulce no es el problema, los minerales sí
- 2 ¿Por qué tantas granjas se movieron tierra adentro?
- 3 Lo que la ciencia descubrió sobre criar camarón lejos del mar
- 4 Los tres pilares técnicos que determinan el éxito
- 5 Las innovaciones que están redefiniendo el cultivo tierra adentro
- 6 Quién está liderando esta investigación
- 7 Lo que todavía no sabemos
- 8 De vuelta al estanque del sertón
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El agua dulce no es el problema, los minerales sí
Aquí está la idea que cambia la forma de pensar este tema: cultivar camarón en agua de baja salinidad no es intrínsecamente malo para el animal. De hecho, algunos estudios clásicos muestran que el camarón puede crecer incluso mejor en salinidades moderadas (5-15 partes por mil) que en agua de mar pura. El verdadero desafío no es la falta de sal en sí, sino el desequilibrio mineral que suele acompañar al agua subterránea o reutilizada que se usa tierra adentro.
Piensa en esto como la diferencia entre darle a alguien menos comida y darle la comida equivocada. El agua de mar trae naturalmente una mezcla balanceada de sodio, potasio, magnesio y calcio en proporciones que el camarón conoce evolutivamente. El agua de pozo, en cambio, suele venir con deficiencias de potasio, proporciones desbalanceadas de calcio y magnesio, y relaciones de sodio-cloro que no se parecen en nada a su hogar ancestral. Es como si le pidieras a alguien acostumbrado a una dieta mediterránea que sobreviva solo con arroz blanco: técnicamente está comiendo, pero le falta algo esencial.
¿Por qué tantas granjas se movieron tierra adentro?
Durante años, la acuicultura de camarón fue sinónimo de estanques costeros, cerca del mar, donde el agua salada estaba literalmente a la vuelta de la esquina. Ese modelo funcionó durante décadas y sigue siendo dominante en muchas regiones.
Pero la costa trajo consigo una vulnerabilidad que terminó siendo devastadora. En 1999, el virus de la mancha blanca (WSSV) arrasó con granjas en Asia y América Latina, provocando mortalidades de hasta el 90%. Una década después, en 2009, llegó otro golpe: la enfermedad de necrosis hepatopancreática aguda (AHPND), causada por una cepa de la bacteria Vibrio parahaemolyticus, que volvió a poner de rodillas a productores costeros. A esto se sumaron regulaciones de protección de manglares que restringieron la expansión de estanques tradicionales junto al mar.
La respuesta de la industria fue clara: si la costa es vulnerable, hay que buscar otro lugar. Y ese «otro lugar» resultó ser tierra adentro, usando agua subterránea, agua reutilizada o mezclas artificialmente salinizadas, lejos de los patógenos marinos y con mucho más control sobre la bioseguridad.
Lo que la ciencia descubrió sobre criar camarón lejos del mar
El estudio de Gouveia y su equipo identifica un patrón fascinante en cómo evolucionó la investigación científica sobre este tema, dividido en tres grandes etapas que reflejan exactamente las presiones que acabamos de mencionar.
Primera etapa: ¿esto siquiera funciona?
Entre 1999 y 2004, la prioridad de los científicos fue demostrar que el cultivo en baja salinidad era viable en términos productivos. Estudios pioneros como el de William Bray y sus colegas mostraron algo sorprendente: el camarón podía crecer igual o mejor en salinidades moderadas que en agua de mar pura, siempre y cuando la composición iónica fuera adecuada. Otros investigadores, como Issam Saoud, descubrieron algo todavía más revelador: el agua de pozo deficiente en potasio y magnesio podía ser más letal para el camarón que la baja salinidad misma.
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Es un hallazgo que cambió las reglas del juego. No se trataba de preguntarse «¿Puede el camarón vivir sin tanta sal?», sino «¿Qué minerales específicos necesita reponer si le quitamos esa sal?»
Segunda etapa: entendiendo el costo energético de sobrevivir
A partir de 2009, con la crisis del AHPND empujando aún más las granjas tierra adentro, la ciencia se volvió más sofisticada. Los investigadores empezaron a estudiar el costo energético de la osmorregulación: el proceso fisiológico mediante el cual el camarón mantiene el equilibrio de sales y agua dentro de su cuerpo.
Imagina la osmorregulación como el sistema de climatización de un edificio. En condiciones normales (agua de mar equilibrada), el sistema funciona con un esfuerzo mínimo porque el ambiente exterior ya está cerca de la temperatura deseada. Pero en agua de baja salinidad desbalanceada, ese sistema tiene que trabajar a toda máquina constantemente para mantener el equilibrio interno, consumiendo energía que de otra forma se destinaría al crecimiento.
Esto explica un hallazgo clave del estudio: a salinidades extremadamente bajas (3 ppt), el camarón destina tanta energía a la osmorregulación y excreción que literalmente le queda menos energía disponible para crecer. No es que el camarón no pueda sobrevivir ahí; es que sobrevivir ahí le cuesta más caro metabólicamente, y ese costo se paga en kilos de cosecha perdidos.
Tercera etapa: la era de la microbiota, la genética y la precisión
Desde 2015 hasta hoy, con sistemas de recirculación (RAS) y biofloc ya maduros tecnológicamente, la investigación dio un salto hacia temas mucho más sofisticados: cómo se comporta la microbiota intestinal del camarón bajo estrés salino, qué genes se activan o desactivan, y cómo aplicar herramientas de precisión para optimizar cada aspecto del cultivo.
Aquí aparece uno de los datos más interesantes del estudio: la baja salinidad puede provocar disbiosis, es decir, un desequilibrio en las comunidades de bacterias que viven en el intestino del camarón, favoreciendo el crecimiento de patógenos oportunistas como las distintas especies de Vibrio. Es el mismo principio que cuando un desequilibrio en la flora intestinal humana abre la puerta a infecciones que normalmente no tendrían oportunidad de instalarse.
Los tres pilares técnicos que determinan el éxito
Si tuvieras que resumir dos décadas de ciencia en tres reglas prácticas para tu propia operación, según el análisis de los estudios más influyentes en este campo, serían estas:
- Elige bien tu rango de salinidad. Evita los extremos (0-3 ppt) sin el respaldo iónico y nutricional adecuado. La investigación de Erchao Li y colaboradores mostró que 17 ppt está cerca del óptimo fisiológico, mientras que a 3 ppt el camarón sufre una caída notable en su capacidad antioxidante, volviéndose más vulnerable al estrés oxidativo.
- Corrige los minerales, no solo la sal. Las proporciones de sodio:potasio y magnesio:calcio son tan importantes —o más— que el nivel de salinidad en sí. Trabajos de Les Roy y David Davis demostraron que suplementar con sales como KCl y KMgSO4 no solo mejora la supervivencia, sino que reduce el estrés fisiológico crónico.
- Ajusta la dieta a las nuevas exigencias energéticas. En condiciones de baja salinidad, el camarón necesita dietas con mayor densidad energética, ácidos grasos altamente insaturados (HUFA), y minerales como fósforo en proporciones específicas (idealmente una relación calcio:fósforo cercana a 1:1) para sostener la formación adecuada del exoesqueleto durante la muda.
Las innovaciones que están redefiniendo el cultivo tierra adentro
Más allá de los fundamentos clásicos, el estudio destaca diez investigaciones recientes (2025-2026) que apuntan hacia el futuro del sector. Algunas son particularmente prometedoras para cualquier productor que busque mantenerse a la vanguardia:
- Consorcios de microalgas y bacterias. Investigadores chinos liderados por Shuanglin Dong demostraron que introducir microalgas específicas como Chlorella y Scenedesmus en sistemas de biofloc de baja salinidad mejora las vías de transformación del nitrógeno, reduciendo amoníaco y nitrito mientras provee alimento natural adicional. Es básicamente convertir tu sistema de filtración biológica en una fuente extra de comida.
- Reutilización de salmuera de desalinización. Un estudio en Kuwait mostró algo con enorme potencial para regiones áridas: mezclar el agua subterránea con salmuera de plantas desalinizadoras (que normalmente es un residuo industrial costoso de desechar) puede corregir el perfil iónico del agua mientras reduce costos y el impacto ambiental de desechar esa salmuera. Es economía circular aplicada directamente a la camaronicultura.
- Biocarbón de paja de arroz. Aplicado al sedimento de estanques oligohalinos, este material estabiliza el pH y absorbe amoníaco, logrando tasas de supervivencia superiores al 90% incluso ante picos de compuestos nitrogenados tóxicos.
- Silenciamiento genético de acuaporinas. En el frente molecular, investigadores identificaron una proteína llamada superacuaporina (LvAQP11) como crítica para la tolerancia a la baja salinidad. Cuando «silenciaron» este gen experimentalmente, el camarón falló en su proceso de muda, lo que sugiere un nuevo marcador potencial para programas de selección genética.
Quién está liderando esta investigación
El análisis de colaboración internacional reveló algo interesante sobre cómo se reparte el conocimiento global: China lidera un denso clúster asiático (junto con India, Tailandia, Malasia y Taiwán) enfocado en sistemas intensivos de alta densidad. Estados Unidos actúa como puente central, conectando Asia con países americanos como Brasil y México, impulsando avances en ingeniería de sistemas y fisiología. América Latina, por su parte, se especializa en adaptaciones para regiones semiáridas mediante cooperación internacional.
Esta distribución no es casual: refleja las distintas realidades hidrológicas y económicas de cada región. Mientras Asia apuesta por sistemas intensivos y reciclaje de agua a gran escala, otras regiones se concentran en corregir el agua disponible localmente y adaptar la producción a sus restricciones particulares.
Lo que todavía no sabemos
A pesar de todos estos avances, el estudio es honesto sobre las limitaciones actuales del campo. La investigación sigue estando fragmentada: hay relativamente pocos estudios que integren simultáneamente el desempeño productivo, la fisiología, la microbiota y la genética bajo condiciones comerciales reales.
Una de las brechas más interesantes que señalan los autores tiene que ver con la cronobiología: el estudio de los ritmos circadianos del camarón. ¿Cuándo durante el día son más activas sus enzimas digestivas? ¿En qué momento su sistema inmune está más alerta? Estas preguntas, aparentemente de nicho, podrían tener implicaciones prácticas enormes para optimizar horarios de alimentación y manejo en sistemas de baja salinidad.
De vuelta al estanque del sertón
Volvamos a nuestro productor brasileño revisando los niveles de potasio en su pozo de agua subterránea. Lo que esta extensa síntesis científica le ofrece no es una respuesta mágica, sino algo más valioso a largo plazo: un mapa claro de qué preguntas hacerse y en qué orden de prioridad.
Primero, ¿está su rango de salinidad dentro de la ventana que equilibra el costo osmorregulatorio y el crecimiento? Segundo, ¿está corrigiendo específicamente potasio, magnesio y las proporciones de calcio-fósforo, o solo está añadiendo sal genérica? Tercero, ¿su formulación de alimento contempla la mayor demanda energética que implica vivir en estas condiciones?
La camaronicultura tierra adentro ya dejó de ser una alternativa marginal y se convirtió en un componente central de la producción mundial de camarón. Y como demuestra este análisis de más de dos décadas de ciencia, el camino para hacerla verdaderamente sostenible y rentable no pasa por imitar el mar, sino por entender profundamente qué necesita realmente el camarón cuando el mar ya no está cerca.
Contacto
Rafael Queiroz dos Anjos
Shrimp Nutrition and Behavior Laboratory, Center for Development and Dissemination of Aquatic Technologies, State University of Bahia (UNEB)
Paulo Afonso, Bahia, Brazil
Email: engpesca.queiroz@gmail.com
Referencia (acceso abierto)
Gouveia, R. P., Pereira, J. da S., Queiroz dos Anjos, R., & Evangelista-Barreto, N. S. (2026). Global trends in inland low-salinity farming of Penaeus vannamei: bibliometric insight into production systems, physiology, and nutrition. Critical Insights in Aquaculture, 2(1). https://doi.org/10.1080/29932181.2026.2662226
Editor de la revista digital AquaHoy. Biólogo Acuicultor titulado por la Universidad Nacional del Santa (UNS) y Máster en Gestión de la Ciencia y la Innovación por la Universidad Politécnica de Valencia, con diplomados en Innovación Empresarial y Gestión de la Innovación. Posee amplia experiencia en el sector acuícola y pesquero, habiendo liderado la Unidad de Innovación en Pesca del Programa Nacional de Innovación en Pesca y Acuicultura (PNIPA). Ha sido consultor senior en vigilancia tecnológica, formulador y asesor de proyectos de innovación, y docente en la UNS. Es miembro del Colegio de Biólogos del Perú y ha sido reconocido por la World Aquaculture Society (WAS) en 2016 por su aporte a la acuicultura.





