Bivalvos, Algas, Impacto Ambiental

Tu granja de mejillones, ostras o algas podría ser un área de conservación: la propuesta de la FAO

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By Milthon Lujan

Algunos sistemas acuícolas podrían clasificarse como espacios de conservación.
Algunos sistemas acuícolas podrían clasificarse como espacios de conservación.

Puntos clave

  1. Determinadas instalaciones acuícolas podrían clasificarse oficialmente como espacios de conservación bajo la meta internacional «30×30», orientada a resguardar el 30 % de las tierras, aguas y océanos para 2030.
  2. Se trata de las «Otras Medidas Eficaces de Conservación Basadas en Áreas»: zonas que, sin ser reservas tradicionales, preservan activamente la biodiversidad a largo plazo.
  3. Un reciente informe de la FAO analiza siete esquemas con evidencia favorable: cultivo de ostras y almejas de fondo, mejillón y ostra en suspensión, algas templadas y tropicales, camarón integrado a manglares y sistemas agroacuícolas de arroz-pez.
  4. No es suficiente mitigar el impacto ambiental; la actividad debe evidenciar beneficios netos, medibles y sostenidos, respaldados por gobernanza transparente, monitoreo constante y equidad social.
  5. La rentabilidad es un pilar indispensable: sin viabilidad comercial, las prácticas ambientales decaen, perdiendo el estatus de conservación y su permanencia temporal.

En la provincia de Ca Mau, al extremo sur de Vietnam, los acuicultores conviven directamente con el ecosistema de manglar. Durante décadas, el estándar regional dictó deforestar para maximizar la superficie de agua. Hoy, el enfoque es distinto: la experiencia local ha demostrado que conservar cerca del 30 % de cobertura de manglar genera el equilibrio ideal entre rendimiento ecológico y rentabilidad operativa.

A miles de kilómetros, en el Firth of Thames (Nueva Zelanda), los pargos que habitan bajo las líneas de cultivo de mejillón verde se alimentan mejor que aquellos en fondos arenosos convencionales: su régimen presenta el doble de concentración lipídica (16 % frente a 8 %).

Aunque estos productores no diseñaron sus operaciones con fines conservacionistas, la nueva guía de la FAO abre la puerta a que sean reconocidos formalmente por su valor ecológico.

¿Qué propone la FAO y por qué es clave para el sector acuícola?

El informe Aquaculture’s role in biodiversity conservation through other effective area-based conservation measures, liderado por Heidi Alleway (The Nature Conservancy, Australia), Angela Lentisco (FAO, oficina de Bangkok) y Amber Himes-Cornell (FAO), evalúa la viabilidad de integrar ciertas instalaciones acuícolas en la meta global de proteger el 30 % del planeta hacia 2030. La conclusión es un «sí condicional»: es factible siempre que acrediten beneficios netos, sostenibles y cuantificables para la biodiversidad, bajo una gobernanza sólida y equitativa. Para la industria, representa una oportunidad estratégica inédita: transitar del estigma de riesgo ambiental al reconocimiento formal como agente de conservación, fortaleciendo su reputación, licencia social y acceso a incentivos.

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La meta 30×30 y las OECM: claves para entender este mecanismo de conservación

En 2022, las naciones partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica adoptaron el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. Su Meta 3, conocida como «30×30», fija la conservación de al menos el 30 % de las superficies terrestres, aguas continentales y áreas marino-costeras hacia 2030.

El mecanismo tradicional para alcanzar este objetivo reside en las áreas protegidas (parques nacionales o reservas marinas). No obstante, el acuerdo incorpora una vía complementaria: las OECM (Otras Medidas Eficaces de Conservación Basadas en Áreas). Se trata de espacios con una función productiva primaria —como la obtención de alimentos— cuya gestión adecuada logra preservar la biodiversidad de forma demostrable y duradera.

Para optar a esta designación, un espacio debe reunir cuatro condiciones:

  • Distinción jurídica: no estar clasificado previamente como área protegida.
  • Gobernanza definida: contar con delimitación geográfica precisa y una autoridad formal de gestión.
  • Impacto ecológico probado: demostrar una contribución efectiva y sostenible a la conservación in situ, respaldada por monitoreo técnico.
  • Enfoque integral: salvaguardar los servicios ecosistémicos y reconocer los valores socioculturales y económicos de la comunidad local.

El margen de adopción aún es amplio. A septiembre de 2026, la Base de Datos Mundial sobre Áreas Protegidas y Conservadas (WDPCA) contabilizaba 312 943 áreas protegidas frente a solo 7 663 OECM. Actualmente, los esquemas protegidos abarcan el 18,45 % del territorio terrestre y fluvial y apenas el 10,03 % de la superficie marina: una brecha significativa respecto del objetivo del 30 %.

El rol de la acuicultura moderna: más allá del impacto ambiental

La industria acuícola conoce de cerca los principales cuestionamientos históricos hacia sus prácticas: la deforestación de manglares para la habilitación de estanques, las descargas de nutrientes causantes de eutrofización —el exceso de materia orgánica que detona la proliferación algal y la desoxigenación hídrica—, los escapes de especies exóticas invasoras, la transmisión de patógenos y la presión extractiva sobre pesquerías pelágicas destinadas a la elaboración de harinas y aceites.

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En contrapartida, la actividad se ha consolidado como el principal proveedor global de alimentos de origen acuático. Tras alcanzar un volumen récord de 141,6 millones de toneladas —equivalente al 60 % de la producción hidrobiológica mundial— y sostener una tasa de crecimiento anual del 5,1 % desde el 2000, la FAO proyecta que la producción de animales acuáticos ascenderá a 214 millones de toneladas para 2034. Ante esta magnitud, las directrices operativas del sector ejercen una influencia ecológica decisiva.

Paralelamente, la evidencia científica visibiliza su potencial regenerativo. Una revisión sistemática de 65 estudios determinó que, frente a zonas de control sin intervención, los centros de cultivo de moluscos bivalvos incrementan tanto la abundancia como la riqueza biológica. Asimismo, un metaanálisis complementario constató una densidad de peces hasta 72 veces superior y el doble de biodiversidad íctica en áreas con granjas de bivalvos y jaulas marinas en comparación con entornos desprovistos de estas estructuras.

Sistemas acuícolas con potencial para ser reconocidos como áreas de conservación

Ostras y almejas cultivadas en el fondo

Las agregaciones de ostras actúan como arrecifes biogénicos: proporcionan refugio, sustrato trófico y zonas de cría para peces e invertebrados. En el delta del río Perla (sur de China), estructuras ostreras en desuso registraron una diversidad equiparable a la de los fondos lodosos adyacentes, pero multiplicaron por diez la biomasa faunística asociada. En Australia, diversas especies ícticas emplean las mesas y canastas ostrícolas para forrajeo y protección de modo similar a los arrecifes naturales. Paralelamente, en la costa pacífica de Canadá, los «jardines de almejas» tradicionales de los pueblos originarios incrementan la complejidad del microhábitat y la riqueza específica.

Mejillón en líneas suspendidas (long-line)

En Lyme Bay (Reino Unido), la caída continua de mejillones y valvas bajo los sistemas suspendidos consolida depósitos bentónicos que sirven de refugio para crustáceos, conformando arrecifes de facto. A esto se suma una ventaja operativa estratégica: la infraestructura instalada disuade físicamente la pesca de arrastre de fondo, una de las actividades de mayor impacto en los ecosistemas marinos.

Ostras en jaulas flotantes y perlicultura

En el Atlántico noroccidental, los módulos de cultivo suspendido atraen densidades superiores de peces y mayor variedad taxonómica, brindando refugio vertical a estadios juveniles. Por su parte, en los Estados Federados de Micronesia, los centros perlícolas situados en la periferia o al interior de reservas marinas ofrecen medios de vida sostenibles durante las vedas pesqueras.

Cultivo de algas tropicales y templadas

Un compendio de siete investigaciones en latitudes tropicales constató un efecto positivo moderado en la diversidad biológica. En Belice, parcelas experimentales mostraron incrementos en abundancia de peces e invertebrados, incluyendo herbívoros arrecifales y especies de interés comercial. En Japón, el modelo tradicional satoumi integra el cultivo de nori, moluscos, pesca artesanal y ecoturismo bajo gobernanza comunitaria.

Camaronicultura integrada con manglar

En Berau (Indonesia), la restauración ecológica del manglar dentro de sistemas camaroneros integrados con manglar impulsó la densidad de grupos biológicos clave. Asimismo, en Subang (Java Occidental), se catalogaron 23 especies de avifauna, destacando dos bajo categorías de amenaza.

Sistemas integrados de arroz y peces

Representa el esquema agroacuícola más ancestral: en China data de hace más de 2 000 años. La ictiofauna controla plagas entomológicas y aporta fertilización natural, reduciendo drásticamente el uso de agroquímicos. En arrozales de Camboya se documentaron al menos 150 especies acuáticas silvestres (anfibios, reptiles, peces y aves acuáticas), mientras que en Senegal este policultivo disminuyó significativamente la transmisión de zoonosis parasitarias.

Las barreras para el reconocimiento formal: por qué la acuicultura aún no califica como conservación

Pese a la evidencia disponible, surge un interrogante clave: ¿por qué existen tan pocas instalaciones acuícolas reconocidas? La respuesta radica en que una mayor concentración de peces en torno a las estructuras no equivale de forma automática a una conservación efectiva. Los autores del informe señalan con claridad que buena parte del incremento faunístico responde a una alteración estructural del hábitat y no a la generación neta de biodiversidad, distando con frecuencia de las funciones ecológicas de un entorno prístino. Servicios como la biofiltración hídrica o la asimilación de nitrógeno son relevantes, pero por sí solos no constituyen indicadores directos de biodiversidad.

Asimismo, las variables locales condicionan los resultados. En Filipinas, un estudio constató un impacto marginal de los cultivos de algas sobre la ictiofauna e identificó que una localización inadecuada reducía la efectividad de reservas marinas contiguas. Paralelamente, en el noreste de Estados Unidos, granjas de kelp análogas a las británicas no registraron variaciones significativas: una misma especie y tecnología productiva pueden arrojar desenlaces opuestos según la bahía.

A esto se suma la exigencia de permanencia. El marco de las OECM demanda beneficios ecológicos sostenidos a largo plazo, mientras que una empresa acuícola enfrenta riesgos de cierre por volatilidad de precios, contingencias climáticas o conflictos sociales, configurando su principal vulnerabilidad estructural. Por último, los mecanismos de registro presentan deficiencias sustanciales: de las 6 482 OECM notificadas globalmente, menos del 5 % incorporó evidencia técnica que acreditara el cumplimiento de los criterios.

Cinco criterios indispensables para calificar una granja acuícola como OECM

El informe establece cinco filtros técnicos antes de otorgar el estatus de OECM a una instalación acuícola:

  1. Sostenibilidad garantizada: mitigar impactos resulta insuficiente; se requiere descartar prácticas críticas como la introducción de especies exóticas invasoras.
  2. Control riguroso de riesgos ecológicos: prevención de enriquecimiento de nutrientes, vectores patógenos, dependencia de harina de pescado y mitigación de «trampas ecológicas» (atracción de ictiofauna silvestre hacia zonas con alta presión de parásitos o depredación).
  3. Monitoreo cuantitativo de biodiversidad: establecimiento de líneas base sólidas, métricas estandarizadas y protocolos de seguimiento sistemático que garanticen la comparabilidad de datos.
  4. Gobernanza efectiva y equitativa: delimitación territorial precisa, autoridad legal formal y participación activa de comunidades locales y pueblos originarios mediante esquemas de comanejo adaptativo.
  5. Escala y conectividad ecológica: una concesión aislada menor a 10 hectáreas ofrece un aporte marginal; un conglomerado productivo integrado funcionalmente con hábitats naturales circundantes maximiza el valor de conservación.

El documento identifica claras ventajas comparativas para los cultivos extractivos no alimentados (bivalvos y macroalgas), los policultivos integrados (como arroz-pez), el uso exclusivo de especies nativas y aquellos modelos que preservan valores socioculturales y medios de vida locales.

La viabilidad económica del productor: el pilar olvidado de la conservación acuícola

El informe destaca una realidad que cualquier acuicultor comprende a fondo: quien reduce densidades de siembra, restaura manglares o financia programas de monitoreo asume íntegramente los costos operativos, mientras que las externalidades positivas —como la depuración hídrica, la recuperación de pesquerías y la protección costera— benefician al conjunto de la sociedad. Si el mercado no retribuye esta contribución ecológica, las prácticas sustentables resultan inviables en el tiempo; y sin permanencia, la figura de OECM carece de sustento.

Por esta razón, los autores enfatizan que la sostenibilidad financiera no constituye un beneficio colateral, sino una condición estructural para asegurar la conservación a largo plazo. Entre las soluciones destacan las exenciones arancelarias en licencias de operación, el subsidio al monitoreo ambiental, el acceso a financiamiento verde y esquemas de pago por servicios ambientales en acuicultura.

Asimismo, el panel de expertos transparenta las limitaciones del estudio: el análisis se restringió a la literatura científica en inglés, prescindiendo potencialmente de casos relevantes documentados en otros idiomas o basados en conocimientos tradicionales. Del mismo modo, no formulan una metodología de evaluación concluyente, sino una ruta por etapas —basada en un cribado preliminar de sitios candidatos y una evaluación técnica ulterior— que cada autoridad nacional deberá adaptar a su marco normativo.

El caso de Ca Mau: la viabilidad productiva como motor de la conservación

El camaronero vietnamita que preserva un 30 % de cobertura de manglar no actúa motivado por un mandato de la ONU; lo hace porque el modelo es técnicamente y financieramente viable. Esa es la premisa central del informe: las instalaciones con mayor potencial para ser reconocidas como áreas de conservación efectivas son aquellas que ya integran rentabilidad comercial, equilibrio ecológico y evidencia técnica demostrable.

Si las autoridades deciden formalizar esta ruta, la brecha entre una iniciativa bienintencionada y una operación formalmente acreditada bajo la meta 30×30 dependerá de tres factores: delimitación geográfica rigurosa, monitoreo biológico sistemático y una gobernanza con participación comunitaria vinculante. El manglar ya cumple su función; el desafío ahora reside en auditarlo y respaldarlo formalmente.

Referencia (acceso abierto)
Alleway, H., Lentisco, A. & Himes-Cornell, A. 2026. Aquaculture’s role in biodiversity conservation through other effective area‑based conservation measures – Opportunities for contributing to Target 3 of the Kunming-Montreal Global Biodiversity Framework. Rome, FAO. https://doi.org/10.4060/ce1886en