
- 1 Puntos clave sobre la demanda global
- 2 Las certezas del mercado y los vacíos del análisis tradicional
- 3 El nivel de ingresos: el factor determinante de la demanda global
- 4 El mapa del crecimiento: hacia dónde se dirige la demanda futura
- 5 Comercio internacional: el nexo entre el productor y los mercados globales
- 6 De vuelta al productor frente a sus estanques
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Puntos clave sobre la demanda global
- El ingreso define el consumo. El poder adquisitivo es el único factor que impulsa la demanda de productos del mar de forma consistente en todas las regiones y niveles socioeconómicos. Al incrementarse los ingresos de un país, aumenta el consumo de pescado.
- Asia como motor global. El crecimiento más sólido y sostenido se concentra en Asia Oriental y el continente asiático en general, impulsado por los países de ingresos medios-altos.
- China crece al 4,6% anual. El mayor consumidor mundial de productos del mar mantuvo este ritmo de expansión anual promedio durante todo el período analizado.
- Baja sensibilidad al precio. La demanda es altamente inelástica: las variaciones de precio apenas alteran el consumo. La cultura y los hábitos alimentarios pesan más que el costo.
- El comercio internacional abre mercados. La apertura comercial genera un impacto positivo: las naciones integradas a los mercados globales obtienen un mayor y mejor acceso a productos pesqueros.
Todo productor acuícola que culmina una cosecha se plantea, tarde o temprano, la misma interrogante: si mañana duplico la producción, ¿quién la comprará y a qué precio? La inquietud no es menor. Expandir estanques, invertir en jaulas flotantes o implementar una planta procesadora son decisiones que asumen la existencia de un comprador al otro lado del mercado. Y ese cliente no siempre está cerca: puede hallarse a un océano de distancia, en una nación que hace dos décadas apenas consumía productos pesqueros.
Durante décadas, esta apuesta se basó en la intuición y en las dinámicas del mercado local. Hoy, el sector cuenta con un respaldo analítico sólido. Un equipo liderado por el economista Dejene Gizaw Kidane, de la Universidad Ártica de Noruega (UiT), evaluó el consumo de productos del mar en 124 países entre 1990 y 2022. El objetivo fue resolver dos cuestiones fundamentales para la industria: qué factores impulsan realmente la demanda global de pescados y mariscos, y qué regiones registran el crecimiento más acelerado. El estudio, publicado en Aquaculture Economics & Management, ofrece un mapa estratégico indispensable sobre las tendencias del consumidor global.
Las certezas del mercado y los vacíos del análisis tradicional
Que el consumo de pescados y mariscos varíe de manera drástica entre países no resulta nuevo para ningún exportador. En 2022, la ingesta per cápita osciló desde menos de un kilo al año en ciertas naciones hasta superar los 80 kilos en otras: una brecha abismal. La explicación generalizada parecía evidente: a mayor nivel de ingresos, mayor consumo; la tradición cultural influye y las poblaciones costeras demandan más productos pesqueros que las mediterráneas.
Sin embargo, estas premisas provenían de investigaciones aisladas, enfocadas en países o regiones específicas, mediante metodologías heterogéneas y datos difícilmente comparables. Se disponía de evaluaciones puntuales, pero faltaba una visión integral del mercado global. Ningún estudio previo había puesto a competir las variables clave —ingreso, precio, apertura comercial, demografía, envejecimiento y urbanización— dentro de un modelo unificado para determinar cuáles sostienen su relevancia al analizarse en conjunto.
Es en este punto donde radica el valor de la investigación. En lugar de sumar un análisis local más, el equipo de investigación estructuró un marco económico único que abarca 124 países —52 más que el estudio de referencia anterior— a lo largo de 33 años de series temporales. Al evaluar todas las variables bajo las mismas condiciones, emergió una jerarquía analítica clara y concluyente.
El nivel de ingresos: el factor determinante de la demanda global
El hallazgo central del estudio resulta contundente por su claridad: el ingreso de la población es la única variable que mantiene un comportamiento constante en todas las mediciones. Prescindiendo de la región, el continente o el nivel socioeconómico del país, cuando el poder adquisitivo del consumidor aumenta, la demanda de productos del mar se incrementa en forma paralela. Esto ratifica que los pescados y mariscos actúan, en términos económicos, como un «bien normal»: un producto cuyo consumo crece a medida que se dispone de mayor renta disponible.
Esta dinámica responde a una lógica bien conocida en el sector. A medida que los hogares superan los umbrales de pobreza, sustituyen paulatinamente los carbohidratos básicos por fuentes de proteína de mayor valor y variedad. Es el proceso denominado «transición nutricional», donde el sector pesquero y acuícola figura entre los principales beneficiarios del cambio de dieta.
Resulta revelador examinar el comportamiento del resto de los factores bajo la misma metodología. Las variaciones de precio del propio producto, los precios de sustitutos como el pollo o la carne vacuna, la urbanización, la estructura etaria o el tamaño del país muestran relevancia en contextos específicos, pero ninguno exhibe consistencia global. Modifican su tendencia, pierden significancia estadística o se diluyen según la región. Constituyen variables reales pero condicionadas: resultan útiles para analizar un mercado puntual, pero inciertas para fundamentar decisiones de inversión a largo plazo.
La variable precio requiere un análisis particular, pues desmitifica una aprehensión recurrente en la industria. Si bien registra un efecto negativo —a mayor precio, menor consumo—, la respuesta del mercado es atenuada. La demanda de productos del mar se caracteriza por una marcada inelasticidad, por lo que el consumo experimenta variaciones mínimas ante incrementos tarifarios. En la práctica, los hábitos alimentarios y la preferencia cultural amortiguan las fluctuaciones de precios, ofreciendo previsibilidad al productor.
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Para determinar esta relación, el equipo de investigación resolvió la simultaneidad entre precio y cantidad utilizando el índice global de precios de la FAO como variable instrumental externa. Este ajuste metodológico, validado mediante pruebas de solidez estadística, aisló el efecto real del precio sobre la demanda, demostrando el rigor técnico requerido en la modelación económica global.
El mapa del crecimiento: hacia dónde se dirige la demanda futura
Comprender qué variables impulsan la demanda es fundamental, pero identificar en qué mercados crecerá resulta determinante para la toma de decisiones financieras. En este aspecto, la investigación aporta las métricas más aplicables para el sector.
La tasa de crecimiento anual promedio de la demanda muestra variaciones significativas según el país: oscila desde caídas cercanas al −3% en mercados en contracción hasta incrementos superiores al 8% en economías emergentes. Sin embargo, el patrón regional es contundente. La demanda registra una tendencia al alza en todas las regiones globales, con un dinamismo acentuado en Asia Oriental y el Pacífico. A escala continental, Asia encabeza el volumen de crecimiento, mientras que, por nivel socioeconómico, el impulso principal proviene de los países de ingresos medios-altos, seguidos por los de altos ingresos.
Este segmento convergente combina un aumento sostenido del ingreso per cápita, una expansión demográfica y un notable auge de la acuicultura. Dado que la pesca de captura se mantiene estancada desde finales de la década de 1980, el abastecimiento adicional proviene del cultivo. Entre 1990 y 2022, la producción acuícola global de animales acuáticos se multiplicó por 3,5, alcanzando 94,4 millones de toneladas; un ritmo de expansión comparable al de la avicultura. Esta oferta acuícola local, orientada en gran medida al consumo interno, explica el liderazgo asiático: existe una mayor capacidad adquisitiva y una disponibilidad creciente de proteína accesible.
Comercio internacional: el nexo entre el productor y los mercados globales
La apertura comercial se consolida como un tercer factor de alta relevancia en el análisis. Los productos pesqueros y acuícolas figuran entre los alimentos más transaccionados a escala global: en 2020 se exportaron cerca de 60 millones de toneladas, representando aproximadamente el 11% del valor total del comercio agrícola internacional. Un significativo 78% del consumo mundial de pescado está expuesto a la dinámica del mercado externo. En términos prácticos, la cotización que recibe un productor al finalizar su cosecha depende, en gran medida, de los acontecimientos en mercados distantes.
Las naciones integradas al comercio internacional aseguran un suministro más estable de productos del mar, tanto de consumo masivo como de alto valor comercial. No obstante, la investigación ratifica una advertencia recurrente para el sector exportador: la apertura puede desabastecer el mercado local de productos de primera calidad cuando los precios internacionales resultan más atractivos, replicando el patrón característico de economías en desarrollo que exportan especies premium e importan productos de menor valor para el consumo interno.
De vuelta al productor frente a sus estanques
Retomemos la perspectiva del acuicultor que, al culminar su cosecha, evalúa la viabilidad de expandir sus operaciones. La investigación no le ofrece un dictamen definitivo, pero le proporciona una herramienta superior a la intuición: un mapa estratégico. El análisis confirma que la tendencia de fondo es ascendente: la demanda global de productos del mar se encuentra en crecimiento sostenido. Asimismo, señala que el consumidor del futuro incrementará gradualmente su poder adquisitivo y se ubicará, principalmente, en Asia y en economías en proceso de ascenso socioeconómico. Revela también que las variaciones de precio no deben generar alarmismo, pues los hábitos alimentarios muestran una alta resistencia al cambio, y recuerda que la sostenibilidad del negocio está ligada a un mercado dinámico que trasciende las fronteras locales.
Ninguna de estas certezas sustituye la decisión de inversión. Sin embargo, proyectar el crecimiento empresarial con un mapa analítico siempre superará a la intuición a ciegas.
Contacto
Dejene Gizaw Kidane
School of Business and Economics, UiT The Arctic University of Norway
Tromsø, Norway
Email: dejene.g.kidane@uit.no
Referencia (acceso abierto)
Kidane, D. G., Myrland, Ø., & Zhang, D. (2026). Global seafood demand in transition. Aquaculture Economics & Management, 1–28. https://doi.org/10.1080/13657305.2026.2709351
Editor de la revista digital AquaHoy. Biólogo Acuicultor titulado por la Universidad Nacional del Santa (UNS) y Máster en Gestión de la Ciencia y la Innovación por la Universidad Politécnica de Valencia, con diplomados en Innovación Empresarial y Gestión de la Innovación. Posee amplia experiencia en el sector acuícola y pesquero, habiendo liderado la Unidad de Innovación en Pesca del Programa Nacional de Innovación en Pesca y Acuicultura (PNIPA). Ha sido consultor senior en vigilancia tecnológica, formulador y asesor de proyectos de innovación, y docente en la UNS. Es miembro del Colegio de Biólogos del Perú y ha sido reconocido por la World Aquaculture Society (WAS) en 2016 por su aporte a la acuicultura.







