
- 1 Puntos clave del estudio
- 2 Un sector en expansión con un desafío ambiental pendiente
- 3 Cómo funciona el circuito cerrado, paso a paso
- 4 Rendimiento económico e indicadores clave al final de la cosecha
- 5 Transparencia científica, alcance social y el valor de un cambio de paradigma
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Puntos clave del estudio
- Los desechos camaroneros como materia prima desaprovechada: El camarón solo asimila entre el 20 % y el 25 % de la proteína del alimento. El remanente se acumula en el fondo como un lodo denso cargado de nitrógeno y fósforo, nutrientes de alto costo que terminan contaminando el canal de descarga.
- Un circuito cerrado de reciclaje integral: El lodo acumulado se transfiere a un biodigestor para generar biogás doméstico; los residuos sólidos y cáscaras se transforman en compost orgánico para sustituir fertilizantes químicos, y el recurso hídrico se somete a tratamiento para su completa recirculación.
- Un incremento drástico en la productividad: El valor bruto de producción del sistema cerrado superó en casi 11 veces al del cultivo superintensivo convencional, debido principalmente a la capacidad de elevar significativamente la densidad de siembra por metro cuadrado.
- Mayor eficiencia de recursos por kilo producido: El consumo hídrico se redujo de 0,60 a 0,15 m³/kg, la demanda energética bajó de 4,86 a 1,01 MJ y el uso de suelo descendió de 0,50 a 0,09 ha/kg. Asimismo, la eficiencia en el aprovechamiento del nitrógeno ascendió al 87 % y la del fósforo al 81 %.
- Planificación necesaria ante el aumento de costos operativos: Una mayor densidad productiva incrementa los costos intermedios —donde el alimento representa cerca del 70 % del gasto total—. El modelo garantiza rentabilidad siempre que se mantenga un control riguroso del agua y una valorización efectiva de los residuos.
Cada mañana, antes de que el sol apriete sobre las piscinas camaroneras de la provincia vietnamita de Ben Tre, el productor enciende la bomba de sifón para extraer del fondo una mezcla densa y oscura: cáscaras de muda, heces y restos de alimento no consumidos por el camarón. Miles de litros de agua turbia que, en la mayoría de las granjas del delta del Mekong, terminan vertidos directamente en el canal de descarga. Un problema aparentemente resuelto, pero que en realidad apenas comienza a reflejarse en el balance financiero de la cosecha.
En ese efluente descartado se disuelve gran parte del nitrógeno y fósforo previamente pagados al adquirir el alimento balanceado. Además, supone desperdiciar un volumen hídrico que requerirá reponerse, tratarse y desinfectarse, incrementando el riesgo de que el canal contaminado reintroduzca patógenos en la siguiente siembra. Sifonar el fondo constituye la rutina más elemental del cultivo superintensivo; no obstante, analizado en detalle, representa una de las fugas de capital más costosas e imperceptibles de la actividad.
Ante esta problemática, un equipo del Institute for Environment and Resources de la National University of Ho Chi Minh City decidió intervenir directamente en el origen del desecho. En lugar de asumir el residuo como una pérdida inevitable, diseñaron e implementaron en una granja camaronera real un sistema ecológico cerrado: un circuito donde el agua, los lodos, las cáscaras e incluso los gases se reaprovechan sistemáticamente dentro de la misma explotación acuícola. Los resultados reportados por los investigadores resultan contundentes para el sector acuícola: un valor bruto de producción aproximadamente 11 veces superior al del sistema superintensivo tradicional, con un menor consumo de agua y energía por kilo, y con un aprovechamiento efectivo de casi la totalidad del nitrógeno aportado.
Un sector en expansión con un desafío ambiental pendiente
El cultivo de camarón representa uno de los principales motores económicos del delta del Mekong. Hacia finales de 2024, Vietnam registraba cerca de 749.777 hectáreas dedicadas a esta actividad, con una producción estimada que superó el millón de toneladas. Solo esta región concentró más del 90 % de la superficie total y el 95 % de la producción nacional de camarón de agua salobre, constituyendo el sustento directo de miles de familias.
Sin embargo, el modelo superintensivo —el de mayor rendimiento productivo— impone también una elevada exigencia sobre el ecosistema y la viabilidad financiera de las granjas. Diariamente ingresan grandes volúmenes de alimento y se efectúan recambios masivos de agua. No obstante, el camarón asimila apenas una fracción de la proteína administrada; se calcula que cada piscina emite aproximadamente 50 gramos de nitrógeno amoniacal por kilo de alimento suministrado. El remanente no absorbido se precipita hacia el fondo, se mezcla con los desechos metabólicos y se convierte en una elevada carga de nutrientes que, al ser vertida a los canales efluentes, acelera la eutrofización en toda la cuenca hidrográfica.
Durante años, la respuesta dominante de la industria camaronera consistió en tratar el síntoma mediante paliativos: un uso creciente de insumos químicos, productos biológicos y un ritmo acelerado de recambio hídrico. De acuerdo con datos del sector, el cultivo intensivo y semiintensivo llega a emplear varias toneladas de productos químicos y biológicos por temporada. Pese a estas medidas, la calidad ambiental de los cuerpos de agua continúa degradándose y la presión sanitaria no disminuye —donde 6 de cada 10 granjas encuestadas en el estudio admitieron recurrir al uso de antibióticos para prevenir brotes infecciosos—, mientras los productores siguen gestionando el desecho como una carga de la cual deshacerse velozmente.
Es en este punto donde la investigación propone un cambio de paradigma radical. Dado que el lodo residual concentra nutrientes por los cuales el productor ya realizó una inversión previa, la interrogante fundamental no radica en cómo descartarlo al menor costo, sino en cómo recuperar y reintegrar ese valor dentro de la propia explotación.
Cómo funciona el circuito cerrado, paso a paso
La lógica operativa es directa, aunque requiere rigurosidad en su ejecución. El agua captada desde el canal atraviesa primero una piscina de sedimentación antes de ingresar al estanque de cultivo. Al momento de realizar el recambio hídrico habitual —que oscila entre el 20 % y el 30 % del volumen total—, el efluente no se descarga al exterior, sino que se canaliza hacia un tanque de retención de aguas residuales dentro de la propia instalación.
El lodo extraído del fondo mediante sifonado se bombea hacia un sistema de biogás. En esta fase, mediante un proceso anaeróbico —ausente de oxígeno—, las bacterias descomponen la materia orgánica y transforman los compuestos nocivos en formas químicas estables. Esta degradación libera biogás aprovechable para el consumo doméstico de la explotación, reduciendo significativamente el gasto energético.
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En paralelo, se coloca una malla filtrante con una luz inferior a 0,5 cm para retener la biomasa residual y los restos de muda antes de su descomposición. Estos desechos sólidos, junto con el sedimento obtenido tras la digestión anaeróbica, se transfieren a un área de compostaje asistida con insumos biológicos. El compost resultante sustituye los fertilizantes químicos en los cultivos agrícolas locales y mejora la estructura del suelo, garantizando una valorización total de los residuos.
Finalmente, el efluente procedente del biodigestor se somete a un tratamiento en cuatro etapas (sedimentación inicial, catalizador, tratamiento microbiano y clarificación final) antes de desembocar en una piscina de fitorremediación con plantas acuáticas. Estas especies vegetales actúan como un filtro natural: absorben las cargas de nutrientes remanentes y acondicionan el agua para reintegrarla plenamente al circuito productivo.
Rendimiento económico e indicadores clave al final de la cosecha
Este aspecto resulta determinante para los inversionistas del sector acuícola. Al cerrar el circuito hídrico y elevar significativamente la densidad de siembra, el valor bruto de producción del sistema cerrado superó en aproximadamente 11 veces al del cultivo superintensivo tradicional. La densidad biológica es un factor crucial: mientras una piscina superintensiva convencional maneja entre 80 y 150 camarones por metro cuadrado, este modelo sustentado en la circulación de materia y energía permite alcanzar de 200 a 500 individuos e incluso, en escenarios optimizados, hasta 1.000 por metro cuadrado.
Incrementar la densidad de cultivo conlleva un aumento proporcional en la estructura de costos operativos, aspecto que el estudio detalla con transparencia. El alimento concentró cerca del 70 % del gasto total, seguido por la adquisición de larva o semilla (aproximadamente un 12 %) y los insumos sanitarios, químicos y biológicos (algo más del 10 %). Por consiguiente, el modelo no constituye un esquema para reducir costos absolutos, sino una estrategia para maximizar la productividad por cada unidad de recurso invertido, siempre que vaya acompañada de una rigurosa gestión del agua.
En materia de eficiencia de recursos, la diferencia es sustancial. Por cada kilogramo de camarón producido, el consumo hídrico descendió de 0,60 a 0,15 m³, la demanda energética disminuyó de 4,86 a 1,01 MJ y la huella espacial se redujo de 0,50 a 0,09 hectáreas. Paralelamente, la tasa de aprovechamiento del nitrógeno presente en el alimento se incrementó del 70 % al 87 %, mientras que la del fósforo aumentó del 70 % al 81 %. Esto se traduce en un menor impacto ambiental por lixiviación de nutrientes y en un mayor retorno financiero de los insumos aplicados.
Resulta oportuno destacar que el propio equipo investigador actúa con prudencia respecto a sus hallazgos, lo que aporta rigor a la evidencia. El sistema se evaluó en una sola comuna —Giao Thanh, en el distrito de Thanh Phu, provincia de Ben Tre—, sobre una muestra de 36 granjas familiares. Los autores advierten que, debido a las variaciones en las condiciones biofísicas y socioeconómicas entre zonas, el modelo requiere investigaciones adicionales antes de extrapolar sus resultados a toda la provincia.
Existen interrogantes técnicas por resolver. Una de las más críticas para la industria radica en que la salinidad condiciona la tasa de recuperación de nutrientes a partir de los efluentes, aspecto que demanda mayor análisis. Asimismo, los investigadores reconocen una realidad insoslayable para el sector: sin incentivos públicos ni esquemas de financiamiento accesibles, la adopción del modelo en otras explotaciones será gradual. La viabilidad técnica está demostrada; el verdadero reto consiste en masificar su alcance.
En la dimensión social, el sistema demostró que la mano de obra puede cubrirse íntegramente a nivel comunitario —100 % de empleo local con equidad de género—. Además, la integración de equipos automatizados, como alimentadores y aireadores con monitoreo remoto, redujo la jornada laboral a menos de 17 horas semanales por operario, optimizando el tiempo de trabajo presencial en campo.
Retomando la escena inicial de la bomba de sifón al amanecer: en la granja del estudio, ese efluente oscuro ya no se vierte al canal de descarga. Se encauza hacia el biodigestor para transformarse en biogás doméstico, compost agrícola y agua purificada mediante fitorremediación. La extracción sistemática de lodos del fondo deja de ser una fuga imperceptible de capital para convertirse en una oportunidad de recuperación económica. Más allá de la innovación tecnológica, este cambio de paradigma representa la contribución más valiosa de la investigación para la acuicultura sostenible.
Contacto
Tran Trung Kien
Institute for Environment and Resources, National University of Ho Chi Minh City
Ho Chi Minh 740500, Vietnam
Email: trungkienmt95@gmail.com
Referencia (acceso abierto)
Linh, D.M., Kien, T.T., Thao, N.T.P., et al., 2026. Enhancing Sustainability in Super‑Intensive Shrimp Farming by Implementing a Closed Ecological System. Research on World Agricultural Economy. 7(3): 254–273. DOI: https://doi.org/10.36956/rwae.v7i3.2960
Editor de la revista digital AquaHoy. Biólogo Acuicultor titulado por la Universidad Nacional del Santa (UNS) y Máster en Gestión de la Ciencia y la Innovación por la Universidad Politécnica de Valencia, con diplomados en Innovación Empresarial y Gestión de la Innovación. Posee amplia experiencia en el sector acuícola y pesquero, habiendo liderado la Unidad de Innovación en Pesca del Programa Nacional de Innovación en Pesca y Acuicultura (PNIPA). Ha sido consultor senior en vigilancia tecnológica, formulador y asesor de proyectos de innovación, y docente en la UNS. Es miembro del Colegio de Biólogos del Perú y ha sido reconocido por la World Aquaculture Society (WAS) en 2016 por su aporte a la acuicultura.





