Patologías, Salmón

Crecimiento acelerado en el salmón, a costa de la salud del corazón

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By Milthon Lujan

Salmones del Atlántico en tanque circular. Cortesía CSIRO.
Salmones del Atlántico. Fuente: CSIRO.

Puntos clave del estudio

  1. Un estudio en cuatro centros de cultivo de las Islas Feroe determinó que los salmones del Atlántico con crecimiento acelerado presentaron una mayor severidad de lesiones en la arteria coronaria.
  2. Al momento de la transferencia al mar, los smolts con mayor tasa de crecimiento en piscifactoría duplicaron la prevalencia de daño vascular (67% frente al 26%) en comparación con peces de la misma edad que crecieron a ritmo moderado.
  3. En los centros donde la tasa de engorde marino fue más intensa, las lesiones avanzaron con mayor rapidez, igualando los registros del centro con peor condición inicial.
  4. Entre el 90% y el 100% de los peces evidenció lesiones vasculares antes del sacrificio; entre el 14% y el 28% presentó un estrechamiento arterial asociado en truchas a una menor tolerancia al estrés.
  5. Aunque el diseño observacional del estudio no demuestra causalidad directa, la evidencia sugiere que maximizar el crecimiento en ambas fases productivas no es biológicamente inocuo para el corazón del pez.

El día inicia temprano en las Islas Feroe. La embarcación de tratamiento permanece atracada junto a la jaula marina, con las bombas operativas y el circuito térmico calibrado para el despiojado. A simple vista, el lote responde a los estándares productivos: biometría adecuada, buena condición corporal y un consumo sostenido de alimento en las últimas semanas. Nada anticipa contingencias sanitarias.

Sin embargo, al concluir la jornada, el recuento de mortalidad no coincide con lo esperado. Ejemplares que horas antes nadaban con aparente vigor yacen en el fondo de las redes, sin lesiones externas ni signos patológicos visibles. El registro productivo consignará, como tantas otras veces, una «mortalidad asociada al manejo»: una etiqueta descriptiva del procedimiento, pero insuficiente para explicar la causa fisiológica de fondo.

Una investigación publicada en la revista Aquaculture sugiere que parte de la respuesta yace en una estructura anatómica habitualmente omitida en los monitoreos de rutina: la microarteria coronaria que irriga el miocardio del salmón. El estudio vincula directamente este fenómeno con la variable de mayor prioridad en la industria: la velocidad de crecimiento. Los resultados revelan que los salmones que crecen a un ritmo acelerado —tanto en la piscifactoría como en el mar— desarrollan un mayor deterioro coronario, lo que comprometería su resistencia ante el estrés operativo. Para un sector habituado a medir la eficiencia en ganancia diaria de peso y ciclos más cortos, este hallazgo plantea un debate productivo impostergable.

¿Por qué la salud coronaria del salmón es crítica en la jaula marina?

A diferencia de muchas especies acuáticas, los salmónidos poseen arterias coronarias dedicadas a irrigar con sangre oxigenada su propio miocardio. Su condición biológica de «atletas marinos» —adaptados a migraciones de miles de kilómetros— exige un sistema cardiovascular de alta resistencia, preparado para mantener un bombeo vigoroso frente a demandas metabólicas extremas.

En el entorno de cultivo intensivo, el corazón del salmón se enfrenta a exigencias operativas severas: densidades elevadas de confinamiento, clasificación, transporte, bombeo y, de manera crítica, tratamientos contra el piojo de mar. Cada procedimiento dispara la frecuencia cardíaca y el consumo de oxígeno. Si la arteria coronaria presenta estrechamiento, el tejido muscular sufre hipoxia aguda en el momento de mayor requerimiento. El efecto equivale a operar una bomba de alta presión conectada a una manguera colapsada: tolera el régimen estándar, pero colapsa ante la máxima exigencia.

Esta condición patológica se define como arteriosclerosis coronaria: el endurecimiento y reducción de la luz vascular. A diferencia del ser humano, donde intervienen placas de colesterol, en el salmón el fenómeno ocurre por la hiperplasia de células de músculo liso en la túnica íntima de la arteria, estrechando progresivamente el lumen.

Los antecedentes documentales reportados en el estudio justifican la alerta sanitaria. En 2007, se registró un caso con más del 10% de mortalidad en salmones tras un transporte rutinario; las necropsias revelaron patología coronaria severa y necrosis miocárdica compatible con infartos. Desde entonces, estos hallazgos se reportan con mayor frecuencia en mortalidades posmanejo. De forma análoga, estudios en trucha arcoíris han confirmado que peces con vasculopatía avanzada exhiben una menor tolerancia frente al estrés estandarizado por hacinamiento.

La sospecha histórica que la ciencia aún no había cuantificado

Durante más de tres décadas existió la presunción técnica de que el crecimiento acelerado agravaba estas anomalías vasculares. Trabajos pioneros —como una investigación de 1992 en salmón del Atlántico y otra de 2020 en trucha— sugerían esta correlación. No obstante, ninguno logró medir de forma directa la tasa de crecimiento: recurrían a estimaciones indirectas, comparando ejemplares de diversas tallas o regímenes térmicos diferenciados en los centros de cultivo.

Esta brecha metodológica resulta crítica para la industria, cuya estrategia operativa prioriza maximizar las tasas de ganancia de peso y acelerar la rotación de biomasa. Determinar si esta intensificación conlleva un costo cardiovascular requiere evidencia empírica rigurosa, no supuestos teóricos.

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Con ese objetivo, un consorcio internacional liderado por Heidi S. Mortensen —investigadora del instituto Firum (Islas Feroe) y del Department of Biological and Environmental Sciences de la University of Gothenburg— abordó el desafío junto a especialistas de Pharmaq Analytiq, Nofima, la Swedish University of Agricultural Sciences, la firma de benchmarking Avrik y la NMBU (The Norwegian University of Life Sciences).

Metodología en campo: cuatro centros de cultivo, dos fases y miles de cortes histológicos

El estudio se desarrolló en condiciones comerciales reales y no en un entorno de laboratorio controlado. Entre 2021 y 2022, el equipo recolectó muestras de salmones del Atlántico aparentemente sanos —todos pertenecientes a la estirpe comercial Stofnfiskur— en cuatro centros de cultivo marino de las Islas Feroe, aprovechando los muestreos normativos y aleatorios para el monitoreo de cáligus (piojos de mar).

Con el propósito de aislar la variable del crecimiento respecto a la edad biológica —dado que los peces más longevos presentan un mayor desgaste vascular acumulado—, los centros se estructuraron en pares analíticos comparables:

  • Centros 1 y 2: Peces más jóvenes (aproximadamente 15 meses pos-eclosión al momento de la transferencia al mar), procedentes de una misma compañía y una piscifactoría compartida.
  • Centros 3 y 4: Ejemplares con cinco meses adicionales de desarrollo (alrededor de 20 meses), originarios de otra empresa y producidos bajo una misma instalación en tierra.

El muestreo se ejecutó en dos ventanas operativas: un mes posterior a la transferencia al agua salada y diez meses después, en la fase previa a la cosecha. De cada espécimen se extrajo el corazón y se procesó el trayecto de la arteria principal en 18 secciones histológicas ultrafinas de 3 micras (µm). A través del microscopio óptico se evaluó la extensión vascular comprometida, la severidad del daño tisular (en una escala estandarizada de 0 a 5) y la reducción del lumen arterial.

La investigación afrontó notables desafíos metodológicos. Los científicos identificaron una alta variabilidad anatómica en los patrones de ramificación coronaria: únicamente el 31,8% de los 220 peces evaluados presentaba una arteria única sin ramificaciones a lo largo del segmento de análisis. Esto demandó un estricto criterio de control de calidad que consolidó la cohorte final en 153 ejemplares, previa verificación de que esta morfología no guardaba correlación con la edad, el peso o el crecimiento. Asimismo, en uno de los centros la muestra se restringió a 20 peces debido a la falta de ayuno previo.

Por motivos de confidencialidad comercial en tierra, la tasa de desarrollo en piscifactoría se calculó en gramos por día, aplicando el coeficiente térmico de crecimiento (TGC) de forma exclusiva para el ciclo marino.

Evidencia al ingreso al mar: la huella de la piscifactoría en la salud coronaria

La evaluación comparativa más reveladora se registró entre los centros 3 y 4. Ambos lotes compartían prácticamente la misma edad biológica, pero habían experimentado ritmos de desarrollo divergentes durante la fase en piscifactoría (hatchery): una ganancia de 1,2 gramos diarios en el centro 3 frente a 0,8 gramos por día en el centro 4.

Apenas un mes después de la transferencia al agua salada, la disparidad en su morfología cardíaca fue determinante:

  • Mayor prevalencia patológica: El 67% de los ejemplares del centro 3 presentó lesiones vasculares, en contraste con el 26% del centro 4.
  • Extensión de la lesión: La proporción del lecho arterial afectado se cuadruplicó (25,6% frente a 5,7%).
  • Severidad histológica: El índice promedio de severidad alcanzó 0,8 en el centro 3 frente a 0,1 en el centro 4, siendo el primer grupo el único en registrar daños en grado máximo (grado 5).
  • Compromiso hemodinámico: En los casos de mayor severidad, la reducción de la luz arterial (lumen) alcanzó un 13,5%, frente a solo un 4,4% en el centro 4.

De acuerdo con el análisis estadístico, el ritmo de crecimiento en la piscifactoría explicó de forma autónoma el 34% de la variación en la extensión del daño y el 31% de su severidad global. Esta tendencia se constató al contrastar los centros 1 y 2, cuyos peces crecieron a tasas prácticamente homogéneas en tierra (1,1 y 1,0 g/día) y mostraron un perfil arterial coincidente: una prevalencia idéntica del 29%, con grados equivalentes de daño.

No obstante, el estudio introduce una advertencia relevante: los ejemplares de crecimiento lento (centro 4) ingresaron al mar con un factor de condición de 0,9, un umbral cercano a la emaciación. Si bien una ganancia de peso más lenta protegió la arquitectura vascular, no garantizó una robustez fisiológica ideal, demostrando que la solución productiva no pasa por desacelerar el crecimiento sin un equilibrio integral.

Fase marina: aceleración del crecimiento y convergencia en patología coronaria

La evolución posterior de los lotes reveló un comportamiento decisivo. Durante la etapa marina, la dinámica de crecimiento se revirtió: los ejemplares del centro 4 registraron un desarrollo más acelerado (TGC de 4,2) en comparación con los del centro 3 (TGC de 3,5). De acuerdo con el modelo Laksur 2.0 de Avrik —que contrasta el peso observado frente al proyectado a partir de series históricas en granjas feroesas entre 2005 y 2022—, los peces del centro 4 alcanzaron un 22,7% por encima de su biomasa esperada, mientras que los del centro 3 se situaron un 14,6% por debajo.

Los investigadores plantean diversas hipótesis explicativas. La estacionalidad térmica pudo ser determinante: el centro 4 sembró en mayo bajo temperaturas en ascenso, mientras que el centro 3 lo hizo en diciembre, en vísperas del invierno. Asimismo, pudo intervenir un fenómeno de crecimiento compensatorio tras una restricción previa, sumado a la evidencia descrita en la literatura donde salmones con alto desarrollo en piscifactoría exhiben menores tasas en agua de mar.

Independientemente del mecanismo causal, el desenlace fue concluyente: hacia la cosecha, ambos centros convergieron tanto en peso final como en el deterioro de sus arterias coronarias. El 90% de los peces en ambos centros presentó lesiones vasculares, con índices promedio de severidad de 2,5 y 3,0, y una reducción de la luz arterial del 15,6% y 16,7% en los casos críticos. El lote inicialmente más sano igualó al grupo deficitario precisamente al acelerar su ritmo de engorde.

En los centros 1 y 2, el crecimiento marino explicó el 16% de la varianza en la extensión del daño. En el consolidado de los cuatro centros previo al sacrificio, entre el 90% y el 100% de la población exhibió patología coronaria.

Implicaciones fisiológicas: vulnerabilidad vascular frente al estrés operativo

¿Cuál es el umbral crítico de daño vascular? Aunque la investigación no evaluó de forma directa la tolerancia fisiológica en estos salmones, sí establece un marco de referencia cuantitativo: en un estudio de 2020 con trucha arcoíris, los ejemplares que no superaron una prueba estandarizada de confinamiento por 30 minutos exhibieron una reducción del 26% al 39% en el lumen de su arteria coronaria. En las Islas Feroe, entre el 14% y el 28% de los salmones evaluados previo a la cosecha sobrepasaron ese umbral del 26% en su lesión de mayor severidad.

Bajo la premisa de que el salmón del Atlántico comparta un patrón fisiológico similar al de la trucha, hasta uno de cada cuatro peces presentaría una capacidad reducida para tolerar faenas operativas exigentes. Se trata de una extrapolación que los autores presentan con rigor y prudencia metodológica.

Asimismo, los investigadores contextualizan la evolución de la mortalidad en el archipiélago feroés. Las tasas de pérdidas comenzaron a ascender tras el marco regulatorio de 2009 para el control del piojo de mar —que impuso una mayor frecuencia de tratamientos— y se acentuaron hacia 2015 con la sustitución de terapias químicas por metodologías térmicas y mecánicas. Los autores concluyen que existe una sinergia de factores: peces con arterias comprometidas que toleraban manejos moderados sucumben hoy ante protocolos operativos más intensos y reiterados.

Mecanismo fisiológico: el impacto biomecánico del rápido crecimiento en el lecho vascular

La hipótesis más respaldada en la literatura científica es de naturaleza biomecánica. La arteria coronaria principal del salmón del Atlántico transcurre sobre el bulbo arterioso, una estructura altamente distensible que se dilata y contrae con cada sístole para mitigar la presión hemodinámica. Con el tiempo, este estiramiento mecánico sostenido induce microtraumatismos en la pared vascular, desencadenando la proliferación de células de músculo liso a modo de hiperplasia reactiva hacia el interior del lumen. Cualquier condición que incremente el gasto cardíaco —como el ejercicio vigoroso, el estrés ambiental o un metabolismo acelerado— intensifica este desgaste vascular.

No obstante, los autores enfatizan las limitaciones metodológicas de la investigación: se trata de un estudio observacional ejecutado en condiciones comerciales. Aunque se emparejaron cohortes con idéntica genética, piscifactoría (hatchery), edad y empresa productora, cada módulo de cultivo enfrentó un entorno particular, con variaciones en corrientes, perfiles térmicos y eventos estresantes. Se requieren ensayos experimentales controlados para aislar con precisión el efecto del crecimiento de las demás variables operativas.

De vuelta al fiordo: el origen acumulativo del estrés operativo

Al retomar la escena del tratamiento antiparasitario y la aparente vitalidad de los peces, el estudio evidencia que la crisis sanitaria no se originó en esa jornada, sino a lo largo de meses de desarrollo: comenzó en una piscifactoría que estimuló un engorde rápido y continuó durante una fase marina que mantuvo la máxima exigencia metabólica. Al enfrentar el desafío operativo del despiojado, determinados ejemplares carecían de reserva funcional en su miocardio.

La conclusión científica no promueve desacelerar la producción a niveles subóptimos, pues una tasa de crecimiento insuficiente tampoco es viable desde la perspectiva zootécnica. El mensaje crítico para la salmonicultura radica en reconocer que la velocidad de desarrollo en ambas etapas deja una impronta acumulativa en el sistema cardiovascular del pez. Definir ritmos de crecimiento que concilien la productividad con la integridad cardíaca, integrando este factor en la planificación de manejos intensivos, constituirá la clave entre balances productivos que cierran con pérdidas inexplicadas y cosechas plenamente sostenibles.

Contacto
Heidi S. Mortensen
Firum, Við Áir 11, FO-430 Hvalvík, Faroe Islands.
Email: heidi@firum.fo

Referencia (acceso abierto)
Mortensen, H. S., Wisløff, H., Zena, L. A., Ekström, A., Gräns, A., Dam, R., Egholm, E., Vang, A., Johansen, I. B., & Sandblom, E. (2027). Rapid growth rates are associated with increased coronary arteriosclerosis in farmed Atlantic Salmon (Salmo salar) under commercial production conditions. Aquaculture, 626, 744394. https://doi.org/10.1016/j.aquaculture.2026.744394