Por Milthon Lujan Monja*
Con la Ley de creación de la Universidad Nacional del Santa (UNS), en diciembre de 1984, nace el interés por implementar una carrera profesional relacionada con la acuicultura en Chimbote; la misma que se cristalizó con la creación de la Escuela Académico Profesional de Biología en Acuicultura en el año 1990, y en el año 1991 ingresó la primera promoción de estudiantes, de la cual tuve la suerte de formar parte.

Implementar una carrera de acuicultura fue considerada, por muchos profesionales y autoridades de aquel entonces, un ‘error’ o una ‘herejía’, debido a que Chimbote, otrora primer puerto pesquero del mundo, dependía económicamente de la actividad pesquera industrial. Era común escuchar frases como “la pesca nunca se acabará”, debido a que en aquel entonces se pescaba todo el año; el tiempo finalmente dio la razón a los visionarios que crearon la EAP de Biología en Acuicultura.

Mi pasión por la acuicultura era algo que se fue formando cuando veía los documentales que pasaban por la televisión los días sábados, en particular los de Jacques Cousteau que nos mostraba el mundo marino, su biodiversidad y su belleza; sin embargo, nunca pude identificarla en una profesión de las tradicionales, lamentablemente la orientación vocacional que nos brindaban en los colegios, solo se resumía en Medicina, Derecho e Ingeniería. Cuando decidí postular a la EAP de Biología en Acuicultura, no lo hice muy convencido debido a que desconocía completamente lo que era la acuicultura; sin embargo, el amor por la actividad nació y creció, y es para toda la vida.

El pertenecer a la primera promoción, y no contar con muchos recursos, permitió que docentes y alumnos apeláramos a la inventiva, aprovechando frecuentemente tanques de almacenamiento de agua usados para la construcción, que reparábamos y modificábamos para convertirlos en estanques para la crianza de nuestras primeras tilapias y peces ornamentales, o el uso de canalones modificados para el cultivo de Artemia; eran años maravillosos donde la motivación nos permitía brindar soluciones a los problemas. Asimismo, existía carencia de información bibliográfica que se superó cuando los profesores pusieron a disposición sus libros, informes y otros documentos; quizás aquí nació y se fortaleció la idea de que “la información no es de quien lo tiene, sino de quien lo necesita”, filosofía que practicamos en Aquahoy.

Conforme avanzábamos en los estudios fuimos aprendiendo mucha más de la acuicultura y el potencial para el país; sin embargo, nos enfrentamos a obstáculos producto del desconocimiento de que existía una universidad en Chimbote y que esta formaba biólogos acuicultores. Años después, ya como egresado, tuvimos que vivir en carne propia el desconocimiento que tenían de la actividad, debido a que cuando hablamos de acuicultura muchos la confundían con apicultura o acupuntura, o en su defecto cuando les hablábamos de cultivar peces o camarones nuestros interlocutores nos miraban extrañados, quizás pensando ¿Cómo poner los peces en los surcos en el suelo?

Hoy, después de 25 años, se que no me equivoque de elegir la profesión, me ha traído muchas alegrías y satisfacciones, he conocido muchas personas, algunos de los cuales son buenos amigos. Sin embargo, también es triste mirar que mientras que otras Escuelas de Acuicultura, en otras universidades, avanzan, la mía se estanca, producto de los intereses personales. Es inconcebible que teniendo la oferta,  de una importante empresa pesquera para la construcción de un centro de investigación en peces marinos y el financiamiento de las investigaciones bajo el marco normativo actual, aún no se acepte la propuesta.

Debemos aprender que la acuicultura no es una actividad de una sola persona, es multidisciplinaria y se requiere del aporte de todos.

Escuela de Biología en Acuicultura de la UNS, ¡feliz 25 años!

*Ex-estudiante de la Promoción 1991 de la EAP de Biología en Acuicultura de la UNS