Por Amapola Nava
Ciudad de México, México (Agencia Informativa Conacyt).- Encontrar el parásito Cymothoa exigua en el plato no debe ser una experiencia agradable. Dos pequeños ojos negros mirando desde el interior de la boca de un pescado son el primer indicio de que este crustáceo suplantó la lengua del animal que se tiene enfrente.

Cymothoa exigua es un parásito que logra introducirse en la boca de algunas especies de peces, donde chupa sangre de la arteria que alimenta la lengua del pez; al no recibir irrigación sanguínea, la lengua se atrofia y cae. En ese momento, el crustáceo se ancla con los apéndices traseros a los músculos que controlaban la lengua y la sustituye para así alimentarse de lo que el animal ingiere.

Dentro de las especies que pueden verse afectadas por este crustáceo existen algunas comerciales, como el huachinango, lo cual es una desventaja para los productores acuícolas, pues una parte del alimento que destinan a hacer crecer a los peces termina como un bocado para el parásito. Además, los consumidores finales suelen encontrar el crustáceo y no saber si su consumo representa un peligro para la salud.

Son escasos los estudios que documentan la distribución, la biología o los problemas que este parásito ocasiona a la industria. Por esta razón, a Alejandro Sánchez Flores, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), le entusiasma comenzar una línea de investigación dedicada a los isópodos, el grupo de crustáceos al que pertenece Cymothoa exigua.

Esta línea de investigación tendrá como objetivo conocer los impactos de este parásito en la producción acuícola, pero también analizar el aspecto evolutivo que ha llevado a este organismo a ser el único parásito que sustituye a un órgano en su hospedero.

De chupasangre a heterótrofo

La característica más distintiva de Cymothoa exigua es su capacidad para reemplazar por completo la lengua de los peces. Cuando uno de estos organismos encuentra un hospedero, entra a su boca a través de las agallas, una vez adentro se alimenta de la arteria que irriga de sangre la lengua, pero una vez que la lengua se cae, el crustáceo la reemplaza y deja de alimentarse de la sangre del pez para alimentarse de todo lo que este coma.

Es decir, cambia completamente su alimentación y pasa de ser un organismo hematófago, a un organismo heterótrofo, puntualiza Alejandro Sánchez.

Un parásito que cambia de sexo

Pasar de ser un organismo independiente a convertirse en la lengua de un pez no es la única extravagancia de Cymothoa exigua, el crustáceo también tiene la capacidad de cambiar de sexo según sus circunstancias.

Los parásitos Cymothoa exigua nacen todos como machos, pero cuando logran colonizar la boca de un pez se transforman en un crustáceo hembra, que seguirá con ese sexo durante toda su vida adulta. Pero cuando un crustáceo llega a una boca que ya ha sido colonizada, ya no desarrollará órganos reproductores femeninos, simplemente fecundará al crustáceo hembra que ya se encuentra dentro de la boca del pez.

A esta característica sexual, en la que un organismo nace como macho y después desarrolla órganos reproductivos femeninos, se le llama hermafroditismo protándrico. En el caso contrario, en el que un animal nace como hembra y se transforma en macho, se dice que se tiene un hermafroditismo protógino.

Alejandro Sánchez tiene la hipótesis de que Cymothoa exigua requiere alimentarse de la sangre del pez para finalmente cambiar de sexo, y ese es uno de los aspectos que piensa abordar en su línea de investigación.

¿Qué tanto afecta a los productores de pescado?

Cymothoa exigua parasita ocho diferentes especies de peces, entre ellas, algunas comerciales. Debido a que el pez es capaz de usar el parásito como una lengua normal, no sufre un daño mortal, pero puede sufrir una baja de peso o disminuir su ritmo de crecimiento, pues el parásito se alimenta de su comida.

“Además se ve mal que te encuentres un organismo así en tus alimentos. De hecho, en Europa empezó a haber mucho 'ruido' cuando comenzaron a encontraron estos organismos, pues no sabían si les iba a hacer daño o no comer un pescado así”, comenta el investigador.

Más allá de un parásito extravagante

Aún existen muchas cosas que no se conocen sobre este parásito, por ejemplo, Cymothoa exigua suele morir antes que el pez que lo hospeda, y no se sabe si quedarse sin este organismo que fungía como su lengua afecte al pescado. Pero la investigación de Alejandro Sánchez va más allá, además de estudiar esta especie de crustáceo, el investigador está interesado en analizar otras dos especies de isópodos muy poco estudiados: Bathynomus giganteus, un crustáceo que puede llegar a medir medio metro, es carroñero de vida libre y vive en el fondo del mar; y a las cochinillas de tierra, de los pocos crustáceos que han logrado colonizar la tierra y no dependen de ninguna forma del mar.

Las características evolutivas que hacen de los isópodos organismos tan diferentes son, por el momento, una de las líneas de investigación que más le emociona a Alejandro Sánchez, quien logra encontrar tiempo para la investigación a pesar de su trabajo como encargado de la Unidad Universitaria de Secuenciación Masiva y Bioinformática de la UNAM.