Alemania.- Científicos alemanes y chilenos, bajo el liderazgo de la Helmholtz Centre for Environmental Research (UFZ), examinaron los compuesto orgánicos disueltos que ingresan a los ríos de Chile provenientes de las granjas de salmón, y advierten que estas sustancias están poniendo una enorme presión sobre los ecosistemas y están cambiando comunidades enteras.

Para criar el salmón, los productores proveen diferentes condiciones de vida dependiendo de la edad de los peces. Los acuicultores chilenos basan su enfoque en el ciclo natural de vida del salmón. En los ríos que fluyen de la cordillera central de los Andes hacia el Pacífico, ellos han instalado unos cuantos hatcheries para los huevos y las larvas. Los salmones más grandes viven en jaulas en los lagos y los adultos son trasladados al mar.

En el año 2012, la acuicultura chilena empleó este método para producir alrededor de 820 000 toneladas de salmón con un valor total de poco menos de US$5 mil millones. Por años, el país se ubica en el segundo lugar detrás de Noruega en la lista de productores de salmón en todo el mundo.

Sin embargo, esto no ha sido sin un impacto en el medio ambiente. De las jaulas de los peces medianos y grandes escapan excrementos, residuos de alimentos y otras sustancias al mar y las zonas costeras de Chile. Las empresas también extraen agua para sus hatcheries de sus ríos. Ellos bombean el agua a los tanques de los salmones jóvenes antes de reintroducirlo al río.

“No está permitido el re-ingresos de agua completamente turbia al río” reporta el Dr. Norbert Kamjunke, un biólogo de UFZ. El número de partículas contenidos en el agua deben estar por debajo de ciertos valores límites. Las granjas acuícolas ahora están usando tanques de sedimentación y filtros rotatorios para clarificar sus aguas residuales. Sin embargo, no hay regulaciones para la sustancias disueltas que simplemente fluyen en el agua sin ningún tratamiento o supervisión.

En un estudio anterior, Kamjunke y sus colegas descubrieron que, en instalaciones de esta clase, alrededor de 40 toneladas de sustancias orgánicas disueltas terminan en el río por cada 50 toneladas de salmón cultivado. Estas sustancias, que los químicos los agrupan como Materia Orgánica Disuelta (DOM), incluyen las excreciones líquidas del salmón y los residuos disueltos de alimentos y excremento. “Este también contiene desinfectantes y antibióticos” explicó el científico.

Cóctel de compuestos

Mediante el uso de fluorescencia, espectrometría de masa de alta resolución y espectroscopía de resonancia magnética nuclear, los científicos estudiaron las aguas residuales de muestras tomadas río arriba y río abajo de cuatro granjas acuícolas chilenas. Ellos trabajaron con sus colegas de la Universidad Austral de Chile en Valdivia, para la toma de muestra, mientras que las mediciones se hicieron en el Helmholtz Centre en Munich.

“Fuimos capaces de determinar exactamente qué moléculas DOM están presentes en el agua y en qué concentración” explicó Kamjunke.

La investigación mostró que cada uno de los ríos naturalmente tiene una huella química ligeramente diferente. Si fluye a través de áreas de bosques, el agua contendrá una gran cantidad de materia húmica. Por el contrario, el agua en regiones volcánica tiende a tener una alta proporción de compuestos de azufre. Sin embargo, también hay similitudes. Las secciones naturales del río generalmente contienen menos materia orgánica disuelta. Y esta carga limitada consiste de compuestos que son difíciles de descomponer por las bacterias. “Aquellas áreas son predominantemente bajas en nutrientes” resume Kamjunke.

Sin embargo, la figura cambia cuando el agua residual de las granjas acuícolas es introducida. Estas instalaciones liberan grandes cantidades de compuesto biodegradables. En particular, concentraciones mucho más altas de carbohidratos, proteínas y lípidos están presentes aguas a bajo de las instalaciones. Las acuicultoras, por consiguiente, proveen a los ríos, con baja cantidad de nutrientes, con una clase de fertilizante.

Implicancias para microalgas

Aguas arriba de los hatcheries, las biopelículas que crecen en las piedras de los ríos contenían una gran cantidad de algas microscópicas; sin embargo, aguas abajo, estos organismos eran mucho menos abundantes y abundaban las bacterias. “Pero esto cambia todo el ecosistema” explicó Kamjunke.

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